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sábado, 26 de mayo de 2018

Historiador descollante: Jose Luis Comellas

«Educado en la liberalidad brotada del mensaje evangélico más genuino, dicho espíritu le ha permitido mantener unas hondas convicciones trascendentes desde el respeto acrisolado a creencias y personajes de la más variada ascendencia intelectual con los que conviviera en su dilatada trayectoria universitaria y académica ». 

 MUY probablemente, el ferrolano José Luis Comellas es uno de los más grandes historiadores españoles de la última media centuria, así como uno de los universitarios de corpus intelectual más denso y trabado del mismo periodo: musicólogo, geógrafo, astrónomo… Cursando ya la difícil asignatura de los noventa años en la Sevilla de la más profunda y recatada querencia, en ella se encuentra a pie de obra, con libros encetados o camino de la imprenta del más subido interés científico y, a menudo, también humanístico. Siempre resulta así oportuno –y obligado…– tributarle el aplauso más sincero por su permanente contribución al acervo cultural hispano, de sólito en forma bibliográfica, entre todas, tal vez la más sólida y ardua. 

Educado en la liberalidad brotada del mensaje evangélico más genuino, tanto en su hogar familiar como en el principal colegio religioso de su localidad natal, dicho espíritu le ha permitido mantener unas hondas convicciones trascendentes desde el respeto acrisolado a creencias y personajes de la más variada ascendencia intelectual con los que conviviera en su dilatada trayectoria universitaria y académica. Clasificado por plumas intonsas a la cabeza del sector conservador de la historiografía contemporaneísta, su conducta ética y talante personal distaron siempre de cualquier sectarismo o unilateralidad doctrinal, con gozo ostensible a la hora de ponderar el valor de las aportaciones y trabajos de colegas y estudiosos situados en los antípodas de su pensamiento. 

En el campo de las disciplinas sociales más batido en todos los hemisferios culturales por los extremismos radicales, su ancha publicística no ha acrecido en ningún momento la fecunda cosecha de ataques o descalificaciones. Actitud en extremo elogiable al reparar que sus investigaciones iniciales se focalizaron en el análisis de la crisis del antiguo régimen, terreno por antonomasia, junto con el de la Guerra Civil de 1936, de la controversia historiográfica en torno a la contemporaneidad nacional y una de las más remecidas igualmente a escala europea. 

En pos de la huella de su maestro en Santiago, el eximio catedrático valenciano F. Suárez Verdeguer (1917-2005), pero con axiología y planteamientos propios, Comellas consagró el primer estadio de su rica obra a la etapa en que arrancase el proceso de la construcción de la España contemporánea con el más polémico de los reinados de esa edad, el de Fernando VII. Como rampa de entrenamiento para cursar el aprendizaje en la objetividad más alquitarada, es evidente que ningún tramo de nuestro pasado puede rivalizar con aquel. 

Superada tal prueba, todo contemporaneísta –mujer u hombre– se adentrará sin mayor temor en los muchos otros campos flanqueados por la controversia que descubre el recorrido más apresurado por la geografía histórica española. El autor de Los primeros Pronun ciamientos en España .1814-1820.( Madrid ,1958) superó con elevada nota ese examen, comienzo de una trayectoria en la que cada uno de sus numerosos jalones serían abordados con semejante acribia, en todo tracto sine ira et studio, conforme aconsejara acaso el más egregio historiador clásico, Publio Cornelio Tácito. 

 Pues, como cabía esperar de una sensibilidad tan receptiva y mente tan inquieta como la del antiguo profesor de los claustros iruñeses e hispalenses en días de plenitud del AlmaMater en las extensas áreas de las Letras y el Derecho españoles, su esteva ha labrado zonas ignotas o apenas conocidas de los últimos doscientos años de historia hispana, con incursiones, escasas pero, de ordinario, muy buidas en la del mundo occidental. 

La fase isabelina, tan crucial para los destinos de la modernidad de nuestras estructuras socio-económicas, y la de no menor importancia para la convivencia político-ideológica contemporánea como fuese la de la Restauración, atrajeron de igual modo su incesable pluma en cifra de varios guarismos, con dos biografías, por contera, de muy alto coturno. 

En un género tan transitado hodierno en España por la publicística y atendido por las editoriales de la más diversa índole como el mencionado, Isabel II.Unareinay unreinado (Barcelona, 1999) y, en especial, Cánovas (Madrid, 1965) y la dirigida a un público más especializado, Cánovas del Castillo (Barcelona, 1997) entrañan un aporte de singular significado por la admirable simbiosis de amenidad y densidad, situadas así como ejemplo encomiable de un género que en manera alguna ha de ser preterido o menospreciado por el profesional de Clío, obligado, además, por imperativas razones de oficio a no dejarlo en las manos estragadoras de cultivadores mercenarios o diletantti. 

 Títulos que, como se decía, están lejos de completar la enumeración de su vasta producción. A la vista de su profuso elenco bibliográfico, podría sospecharse que hablamos de un autor imbuido por la cupidosciendi del uomouniversalis del Renacimiento y no de un estudioso de la bárbara especialización dorsiana. Pero nos hallamos desde luego ante el historiador de mayor formación y conocimiento en el área de las ciencias experimental es del Novecientos hispano. 

Pocos con tem por aneíst as han estado en tan permanente búsqueda de la interdisciplinariedad, a la husma en todo instante de la potenciación de las relaciones e interconexiones entre los saberes «duros» y «blandos». Pocos, en fin, como él han dado a su quehacer unos fundamentos epistemológicos más firmes y permanentes. Todo ello sin menoscabo ni obstáculo para la expresión ágil y a la par vivaz y sobria, flexible y un tanto neologista.  

Puesto fin, burocráticamente, a una vida universitaria del mejor cuño –silenciosa, desprendida, austera, cerrada a los silbos de la demagogia y la mendaz curiosidad–, Comellas entroja actualmente el fruto serondo de un largo trabajo en los campos de Clío. Ni venda vales–des encuaderna miento del a vieja Alma Mater hispalense –, ni vaivenes –del ostracismo de los círculos historiográficos «oficiales» al parcial redescubrimiento de su obra– alteraron un empeño intelectual ennortado hacia el acendramiento de la Historia de siempre, perpetuamente fermentada por la insatisfacción y la procura de perfeccionamiento. …

Y una personalidad de tan altos quilates en el mundo del espíritu, honra y prez de la cultura española contemporánea no es Doctor Honor is Causa por ninguna Universidad peninsular ni insular, ni tampoco miembro numerario de alguna Academia de ámbito nacional, como aconteciera igualmente con su maestro, Suárez Verdeguer, en una Valencia democrática pródiga en reconocimientos y distinciones. Extrañamente marginado por su oriunda Galicia, Sevilla, cuna de sus cinco hijas y solar arraigado de sus trabajos y días, tal vez pudiera reparar en vida tan ominoso silencio con un acto de gratitud colectiva encabezado por un Ayuntamiento tan abierto de miras como el que, a la fecha, rige la capital de Andalucía. 


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Juan Ramón Domínguez Palacios / http://enlacumbre2028.blogspot.com.es

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