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lunes, 4 de junio de 2018

Otro post sobre los obispos y el carácter episcopal



El post de ayer sobre los obispos no ha sido un escrito de después de la cena de algo que se me ocurre en ese momento. Se trata de algo sobre lo que llevo meditando desde hace años. Y es que siempre me intrigó saber qué querían decir algunos predicadores cuando hablaban de los obispos como pastores verdaderos o predicadores principales y cosas por el estilo. Creo que mi opinión ha quedado ya bien expuesta.

Pero me gustaría añadir otro ejemplo, si alguien dijera que el obispo es que el tiene el sacramento del orden de forma verdadera estaría cometiendo un error. El diácono y el presbítero tienen el sacramento de forma tan verdadera como el obispo, cada uno lo tiene de forma verdadera en su grado.

Tampoco podríamos afirmar que el obispo es el que tiene el sacramento del orden por antonomasia. Porque el presbítero y el diácono tienen su grado del sacramento de forma tan auténtica y tan perfecta como el obispo lo tiene en su tercer grado. El presbítero es sacerdote de forma perfecta, no es una res imperfecta. Podemos decir que el obispo tiene ese sacramento en plenitud, de forma excelente y otros calificativos. Tampoco el diaconado es un grado imperfecto o incompleto. En sí mismo, ese grado es lo que ha querido que Dios sea, no le falta nada.

Tener en cuenta esta realidad sacramental nos hace entender de un modo recto las funciones que se derivan de la realidad. Yo venero el carácter episcopal en general, y a los obispos de forma concreta, de un modo muy intenso. Siempre ha sido así, desde que era seminarista. Pero algunos presbíteros pueden ir más allá y cuando alguien les hace reparar en ello, pueden responder con un “bueno, tú ya me entiendes”. Y hay que responderles con cara seria: “No, no te entiendo”.

Me acuerdo una vez de las cosas que decía un sacerdote joven respecto a las decisiones de cierto obispo, delante del mismo obispo. Cuando acabó de hablar, el ecónomo bajó la vista y concluyó: Fulanito, eres un botafumeiro. Todos rieron, incluido el culpable.

Además, el Destino es un poquito vengativo y después suele ser poco generoso con los botafumeiros.

Si hubiéramos estado en una piscina, aquel sacerdote cayó totalmente de tripa:


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