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miércoles, 11 de julio de 2018

Cómo nace un prejuicio

Siempre lo hemos hecho así…
Un grupo de científicos metió cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, colgado del techo, un montón de bananas.

Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.

Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo agarraban y hasta le agredían para impedirle subir y así evitarse el agua fría. </span>


Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas.

Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo el nuevo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros que incluso le pegaron. 

Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido.

Los científicos se quedaron entonces con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca recibieron un baño de agua fría continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas. Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería: “No sé, las cosas siempre se han hecho así…“</span>

¿Te suena la situación?
No pierdas la oportunidad de difundir esta historia y quizás algún día todos nos preguntemos por qué hacemos las cosas de una manera determinada sin pensar en otras posibilidades mucho mejores y más efectivas.
Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio 
Albert Einstein

anecdonet.com</span></span>

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