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domingo, 5 de agosto de 2018

Maduro, oye, ¿sabes si King Jong Un está bien? Es que creo que tenía la presión alta.



Ayer escribí un largo y sentido post teológico, pero fue el peor día para ello: Maduro tenía otros planes. Su atentado (real o no) boicoteó lo que tenía que haber sido una plácida lectura sobre asuntos profundos.

Lo cierto es que ahogado por el calor de mi piso estaba trabajando en mi ordenador y leí (en mi mismo blog, en la sección de comentarios) lo del supuesto atentado. E hice un contrarrelato de lo que estaba pasando al otro lado del Atlántico.

De todas maneras, me admira que el post sobre el sensus fidei haya tenido tantos lectores, porque el post sobre el atentado me hizo reír a carcajadas varias veces, y eso que yo era el lector.

Un pequeño apunte sobre el tema, ¿creo que fue real el atentado? He analizado el asunto desde una perspectiva: la psicología que refleja el rostro de Maduro ante el supuesto atentado. Conclusión: el atentado no fue real. No estoy seguro al 100%, pero pienso eso.

Maduro no reacciona del modo que se debe esperar a una situación como esa. Eso se ve claro en alguna filmación desde un ángulo que permite ver su cara detrás de los parapetos. Podéis ver en youtube cómo reaccionan los jefes de Estado ante ataques. Hay recopilaciones inacabables. Los hay que reaccionan de una manera o de otra. Pero siempre hay unos signos de que denotan sorpresa. Por más que se mantenga la sangre fría, siempre hay reacciones sutiles de sorpresa.

Después de ver a Maduro, la sensación es de que él se esperaba ya que sucediera eso. Su mujer no. Ni sus generales. Estudiad la reacción de los demás militares que hay en la tribuna. La de Maduro es de una marcada ausencia de reacción total. No es una reacción de tranquilidad o autodominio, es de ausencia de reacción. Su reacción no es normal en lo segundos siguientes. Todo el mundo sí que actúa de un modo psicológicamente lógico. Él, decididamente, no.

He escuchado muchos discursos de Maduro. Y su comparecencia después del pseudoatentado no me resultó tampoco creíble. Un hombre que se enfada tanto cuando habla, que habla con tan llamativa vehemencia, me resultó chocante que hablara con tanta serenidad tras un atentado. ¿Qué impresión saqué, sinceramente? Pues que ese discurso tras el atentado había sido ensayado mucho tiempo antes.

Me puedo equivocar, pero lo digo con toda sinceridad. Que alguien atentara contra Maduro entra dentro de lo posible. Pero esa impresión me provocó el momento del atentado y de la comparecencia.

Una cosa quiero añadir, con la misma sinceridad, si alguien me preguntar si se puede atentar lícitamente contra la vida de Maduro, le respondería que no. Su régimen es totalmente ilegítimo. Es responsable de la muerte de muchas personas, aunque solo sea por falta de medicinas. Pero si me preguntaran si es lícito matar a Hitler en un atentado, respondería que no. Si hubieran matado a Hitler, probablemente, solo hubieran logrado que Himmler u otro parecido hubiera ocupado su puesto. Si hubieran asesinado a Stalin, solo hubieran logrado que otro Stalin hubiera ocupado su puesto. Si hubieran matado a Mao, otro Mao hubiera ocupado su puesto.

Los gobiernos ilegítimos, opresores, tiránicos, pueden ser derrocados. Pero pienso que el magnicidio no es el camino. Si a san Pedro le hubieran preguntado si era lícito acabar con la vida de Nerón o Calígula, considero que hubiera respondido que no.

Un derrocamiento, una revolución, un golpe de estado pueden ser lícitos en determinadas circunstancias. Así como lo es la guerra justa, la que es defensiva. Pero el magnicidio… no veo que sea lícito desde una perspectiva evangélica.

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