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jueves, 21 de septiembre de 2017

(455) Evangelización de América, 4. –Luces y sombras en las Indias

– «Vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados…

–… Pero Dios, por el gran amor con que nos amó, nos dio vida por Cristo. Por gracia habéis sido salvados» (Ef 2,1.4-5).

—Luces y sombras de las Indias

    A lo largo de nuestra crónica, tendremos ocasión de poner de re­lieve los grandes tesoros de humanidad y de religiosidad que los misioneros hallaron en América. Eran tesoros que, ciertamente, es­taban enterrados en la idolatría, la crueldad y la ignorancia, pero que una vez excavados por la evangeli­zación cristiana, salieron muy pronto a la luz en toda su be­lleza sorprendente.

    Estos contrastes tan marcados entre exce­lencias y horrores, que al mismo tiempo se hallan en el mundo pre­cristiano de las Indias, son muy sorprendentes. Veamos algún ejemplo.

–Excelencia. El más notable historiador del México naciente, el franciscano Bernardino de Sa­hagún (1500-1590), el mismo que en el libro II de su magna Historia gene­ral de las cosas de Nueva Es­paña hace una relación escalo­friante de los sacrificios humanos exigidos por los ritos azte­cas, más adelante, en el libro VI, describe la pe­dagogía familiar y pública del Antiguo México de un modo que no puede menos de producir admiración y acción de gracias a Dios:

    «Del lenguaje y afectos que usaban cuando oraban al principal dios… Es oración de los sacerdotes en la cual le confiesan por to­dopoderoso, no visible ni palpable. Usan de muy hermosas metáfo­ras y maneras de hablar» (1). «Es oración donde se ponen delicade­zas muchas en peniten­cia y en lenguaje» (5). «De la confesión au­ricular que estos naturales usaban en tiempo de su infidelidad» (7). «Del lenguaje y afectos que usa­ban para hablar al señor recién electo. Tiene maravilloso lenguaje y muy delicadas metáforas y admirables avisos» (10). «En que el señor ha­blaba a todo el pueblo la primera vez; exhórtalos a que nadie se embo­rrache, ni hurte, ni cometa adulterio; exhórtalos a la cultura de los dioses, al ejercicio de las armas y a la agricultura» (14). «Del razona­miento, lleno de muy buena doctrina en lo moral, que el señor hacía a sus hijos cuando ya habían llegado a los años de discreción, exhortándo­los a huir de los vicios y a que se diesen a los ejercicios de nobleza y de virtud» (17). Y lo mismo exhortando a sus hijas «a toda disciplina y ho­nestidad interior y exterior y a la consideración de su nobleza, para que ninguna cosa hagan por donde afrenten a su linaje, háblan­las con muy tiernas palabras y en cosas muy particulares» (18)… En un lenguaje antiguo, de dignidad impresionante, estos hombres en­señaban «la humil­dad y conocimiento de sí mismo, para ser acepto a los dioses y a los hom­bres» (20), «el amor de la castidad» (21) y a las buenas maneras y «policía [buen orden] exterior» (22).

    –Horror. Fray Bernardino de Sahagún, con la misma pulcra y serena minuciosidad, nos describe los sacrificios humanos exigidos por el Calendario azteca, o «de cómo mataban los esclavos del ban­quete» (Lib.9, 14), y otras barbaridades semejantes, todas ellas orientadas perdidamente por un sentido indudable de religiosidad… Es la situa­ción normal del mundo pagano. Cristo ve a sus discípulos como luz que brilla en la tinieblas del mundo (Mt 5,14), y San Pablo lo mismo: sois, escribe a los cristianos de Filipos, «hijos de Dios sin mancha en medio de una gente torcida y depravada, en la que brilláis como estrellas en el mundo, llevando en alto la Palabra de vida» (Flp 2,15-16).

    La descripción, bien concreta, que hace San Pablo de los paganos y judíos de su tiempo (Rm 1-2), nos muestra el mundo como un ámbito oscuro y siniestro, que inclina a la mentira y el pecado. Es lo mismo que atestigua San Juan: «el mundo entero yace bajo el Maligno» (1Jn 5,19; +Jn 1,16)). Así era, de modo semejante, el mundo que los europeos hallaron en las Indias: opresión de los ricos, poligamia, religiones demoníacas, sacrificios huma­nos, antropofagia, borracheras, cruel­dades indecibles, guerras continuas, esclavitud, tiranía de un pue­blo sobre otros…

* * *

—Primeras actitudes de los españoles

    ¿Cuales fueron las reacciones de los españoles, que hace cinco siglos llegaron a las Indias, ante aquel cuadro nuevo de luces y sombras?

    –El imperio del Demonio

    Los primeros españoles, que muchas veces quedaron fasci­na­dos por la bondad de los indios, al ver en América los horro­res que ellos mismos describen, no veían tanto a los indios como malos, sino como pobres cautivos del influjo del diablo, gentes que había que liberar, exorcizán­doles con el Evangelio y la cruz de Cristo. Así explica el Señor a San Pablo su misión evangelizadora:

«Yo te envío para que les abras los ojos, se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, y reciban el perdón de sus pecados y parte en la herencia de los consagrados» (Hch 26,18).

     El soldado Cieza de León (1518-1554), viendo aquellos tablados de los in­dios de Arma, con aquellos cuerpos muertos, colgados y co­midos, co­menta: «Muy grande es el dominio y señorío que el demonio, ene­migo de natura humana, por los pecados de aquesta gente, sobre ellos tuvo, permitiéndolo Dios» (Crónica del Perú 19). Esta era la reflexión más común.

    Un texto del gran franciscano Toribio de Benavente (1490-1569: Motolinía, para los indios y para la historia), lo expresa bien: «Era esta tierra un traslado del infierno; ver los moradores de ella de noche dar voces, unos llamando al demonio, otros borrachos, otros can­tando y bailando; tañían atabales, bocinas, cornetas y ca­racoles grandes, en especial en las fiestas de sus demonios. Las beoderas [borracheras] que hacían muy ordinarias, es increíble el vino que en ellas gastaban, y lo que cada uno en el cuerpo metía… Era cosa de grandísima lástima ver los hombres criados a la ima­gen de Dios vueltos peores que brutos ani­males; y lo que peor era, que no quedaban en aquel solo pecado, mas co­metían otros mu­chos, y se herían y descalabraban unos a otros, y acon­tecía ma­tarse, aunque fuesen muy amigos y muy propincuos parientes» (Historia de los indios de Nueva España I,2,57). Los aullidos de las víctimas horrorizadas, los cuer­pos decapitados y sin corazón que eran aeeojados rodando por las gra­das del teocalli, cubier­tas por una alfombra de sangre pestilente, los danzan­tes revestidos con el pellejo de las víctimas, los bailes y evolucio­nes de cientos de hom­bres y mujeres al son de músicas enajenan­tes… no podían ser sino la ac­ción desaforada del Demonio.

    Excusa

    Conquistadores y misioneros vieron desde el primer mo­mento que ni todos los indios cometían las perversidades que algunos ha­cían, ni tampoco eran completamente responsables de aquellos crímenes. Así lo entiende, por ejemplo, el soldado y cronista Cieza de León:

    «Porque algunas personas dicen de los indios grandes males, comparándolos con las bestias, diciendo que sus costumbres y manera de vivir son más de brutos que de hombres, y que son tan malos que no so­lamente usan el pecado nefando, mas que se comen unos a otros, y puesto que en esta mi historia yo haya escrito algo desto y de algunas otras fealdades y abusos dellos, quiero que se sepa que no es mi intención decir que esto se entienda por todos; antes es de saber que si en una provin­cia comen carne humana y sacrifican sangre de hombres, en otras muchas aborrecen este pecado. Y si, por el consiguiente, en otra el pecado de contra natura, en muchas lo tienen por gran feal­dad y no lo acostumbran, antes lo aborrecen; y así son las cos­tumbres de­llos: por manera que será cosa injusta condenarlos en general. Y aun de estos males que éstos hacían, parece que los descarga la falta que tenían de la lumbre de nuestra santa fe, por la cual ignora­ban el mal que cometían, como otras muchas naciones» (Crónica cp.117).

    –Compasión

    Cuando los cronistas españoles del XVI describen las atro­cida­des que a veces hallaron en las Indias, es cosa notable que lo ha­cen con toda sencillez, sin cargar las tintas y como de paso, con una ingenua objetividad, ajena por completo a los calificativos y a los aspavientos. Y es que a ellos, fieles discípulos de Cristo, no se les pasaba por la mente la posibili­dad de un hombre naturalmente bueno. Pensaban como San Pablo, que escribe a los cristianos de Éfeso: «vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados» (2,1). No eran discípulos de Rousseau, y recordaban también los males pésimos que habían dejado en Europa. En los misioneros, especialmente, llama la atención un pro­fundí­simo sentimiento de piedad compasiva, como el que refleja esta página del franciscano Bernardino de Sahagún sobre México:

    «¡Oh infeli­císima y desven­turada nación, que de tantos y de tan grandes engaños fue por gran número de años engañada y entenebre­cida, y de tan innumerables errores deslumbrada y desvane­cida! ¡Oh cruelísimo odio de aquel capitán enemigo del gé­nero humano, Satanás, el cual con grandí­simo estudio pro­cura de abatir y envilecer con innumerables men­tiras, crueldades y traiciones a los hijos de Adán! ¡Oh juicios divi­nos, profundísimos y rectísimos de nuestro Señor Dios! ¡Qué es esto, señor Dios, que habéis permitido, tantos tiempos, que aquel enemigo del género humano tan a su gusto se en­señorease de esta triste y desamparada nación, sin que nadie le resistiese, donde con tanta libertad derramó toda su pon­zoña y todas sus tinieblas!». Y continúa con esta oración: «¡Señor Dios, esta injuria no solamente es vuestra, pero también de todo el género humano, y por la parte que me toca suplico a V. D. Majestad que después de haber quitado todo el poder al tirano enemigo, hagáis que donde abundó el delito abunde la gracia [Rm 5,20], y conforme a la abundancia de las tinie­blas venga la abundancia de la luz, sobre esta gente, que tantos tiempos habéis permitido estar supeditada y opresa de tan grande tiranía!» (Historia lib.I, confutación).

    –Esperanza

    Como es sabido, las imágenes dadas por Colón, después de su Primer Viaje, acerca de los indios buenos, tuvieron influjo cierto en el mito del buen salvaje elaborado posteriormente en tiempos de la ilustración y el romanticismo. Cristóbal Co­lón fue el primer descu­bridor de la bondad de los indios. Cierto que, en su Primer Viaje, tiende a un entusiasmo ex­tasiado ante todo cuanto va descu­briendo; pero su estima por los indios fue siempre muy grande. Después de llegar a la Es­pañola (24-XII-1492), escribe a los Reyes Católicos:

    «Crean Vuestras Al­tezas que en el mundo no puede haber mejor gente ni más mansa. Deben to­mar Vuestras Altezas grande alegría porque luego [pronto] los harán cristianos y los habrán enseñado en buenas cos­tumbres de sus reinos, que más mejor gente ni tierra puede ser».

    Al día si­guiente encallaron en un arrecife, y el Almi­rante confirma su juicio anterior, pues en canoas los indios con su rey fueron a ayudarles cuanto les fue posible:

    «El, con todo el pueblo, lloraba; son gente de amor y sin codicia y con­venibles para toda cosa, que certifico a Vuestras Altezas que en el mundo creo que no hay mejor gente ni mejor tierra; ellos aman a sus prójimos como a sí mismos, y tienen una ha­bla la más dulce del mundo, y mansa, y siempre con risa. Ellos andan desnudos, hombres y mujeres, como sus madres los pa­rieron, mas crean Vuestras Altezas que entre sí tienen cos­tum­bres muy buenas, y el rey muy maravilloso estado, de una cierta manera tan continente que es placer de verlo todo, y la memoria que tienen, y todo quieren ver, y pregun­tan qué es y para qué».     

    Así las cosas, los misioneros, ante el mundo nuevo de las In­dias, oscilaban continuamente entre la admiración y el es­panto, pero, en todo caso, intentaban la evangelización con una esperanza muy cierta, tan cierta que puede hoy causar sorpresa.El optimismo evangelizador de Colón –«no puede haber más mejor gente, luego [pronto] los harán cristianos»– parece ser el pensamiento dominante de los conquistadores y evan­gelizadores. Nunca se dijeron los misione­ros, al ver los males de aquel mundo, «no hay nada que hacer». Nunca se les ve espantados del mal, sino compadecidos. Y desde el primer momento predicaron el Evangelio, el Evangelio entero, absolutamente convencidos de que la gra­cia de Cristo iba a hacer el milagro. Y también los cristianos laicos, descubridores y conquistado­res, participaban de esta misma esperanza.

    «Si miramos –escribe el soldado Cieza–, muchos [indios] hay que han profesado nuestra ley y recibido agua del santo bautismo […], de manera que si estos indios usaban de las costumbres que he escrito, fue porque no tuvieron quien los encaminase en el camino de la verdad en los tiempos pasados. Ahora los que oyen la doctrina del santo Evange­lio conocen las tinieblas de la perdición que tienen los que della se apartan; y el de­monio, como le crece más la envidia de ver el fruto que sale de nuestra santa fe, procura de engañar con temores y es­pantos a estas gentes; pero poca parte es, y cada día será me­nos, mirando lo que Dios nuestro Señor obra en todo tiempo, con ensal­zamien­to de su santa fe» (Crónica cp.117).

 

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

Bibliografía de la serie Evangelización de América

 

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En 470 por la ría

Luis y su amigo Álvaro salieron esa mañana de agosto a navegar en el barco del primero, un 470 muy apañado. Luis a sus 15 años era ya muy diestro navegando y se bastaba él solo para manejar el barco. Álvaro, un año mayor, se limitaba a cumplir con la mayor celeridad y habilidad que le era posible las precisas instrucciones de su amigo. Aquel día probarían a salir al extremo de la ría, casi a mar abierto, a otro pueblo que también conocían bien. 

Todo transcurrió con normalidad hasta el momento en que comenzaron el regreso. Enseguida se dieron cuenta de que el tiempo había cambiado y se habían descuidado al no advertirlo antes. Unas nubes grises venían del noroeste, no parecían amenazar con lluvia, al menos de momento. Pero lo más preocupante era el fuerte viento totalmente contrario y que con el creciente oleaje zarandeaba su pequeña embarcación, que si cabe en ese momento parecía más diminuta (el nombre de 470 le viene de su longitud: 4, 70 metros). 

El rostro serio de su amigo Luis y la manera en que le mandaba cada cosa le hicieron comprender a Álvaro que estaban en un apuro. Sin embargo la pericia del menor de los amigos, y quizá algo de suerte, hizo que pasase enseguida. Consiguieron doblar el cabo que les devolvía a la seguridad de la ría, y, aunque más movido de lo habitual, lo que les quedaba para llegar a su pueblo no dejaba de ser el trayecto habitual. Entonces entendieron por primera vez las severas advertencias de sus padres: Navegar mar adentro, aunque sea algo aparentemente tan poca cosa como salir a la bocana de la ría, entraña siempre un riesgo.

Por eso, cuando Jesús les pide que remen mar adentro a aquellos pescadores experimentados, les ordena algo que supone un riesgo. Remar mar adentro implica ponerse a merced del mar, cuya fuerza bien conocen los navegantes. Tiempo después en ese mismo mar vivirán con Jesus una tormenta que está a punto de hundirles si no es por la intervención del Maestro. Jesús les pide que salgan de lo seguro y que asuman un riesgo. En este caso, como dice el historiador Romano Tácito, en el riesgo está la esperanza. La esperanza de una captura que se les ha negado durante toda la noche, como confiesa Pedro a Jesús.

La nueva evangelización conlleva remar mar adentro, correr riesgos y dificultades. Con la confianza de que Jesús maneja la barca y los frutos serán abundantes.

Antonio Fernández
Con Él, septiembre 2017

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El oído atento al grito de la tierra, muestra de responsabilidad moral

Escribe Salvador Bernal: En la rueda de prensa del papa Francisco, en el vuelo de regreso de su viaje pastoral a Colombia, tuvo que ser una periodista, Elena Pinardi, quien se interesase por sus posibles molestias, después del pequeño golpe en la frente sufrido en el papamóvil... De ahí pasó a plantear el problema del medio ambiente y del cambio climático.

Mientras volamos -venía a decir-, pasamos cerca del huracán Irma, que ha causado decenas de muertes y daños enormes en las islas del Caribe y en Cuba, y se teme la inundación de vastas áreas de Florida. Seis millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares. Después del huracán Harvey, se desencadenaron casi tres huracanes en la zona al mismo tiempo. Los científicos consideran que el calentamiento de los océanos es un factor que contribuye a hacer más intensas las tormentas y los huracanes estacionales. ¿Hay una responsabilidad moral de los líderes políticos que rechazan colaborar con otras naciones para controlar las emisiones de gases de efecto invernadero, porque niegan que el cambio climático sea también obra del hombre?

Ciertamente, los huracanes del Caribe recuerdan el deber de cuidar la casa común. El papa podría haberse remitido en su respuesta a la inquietud grande, que mostró desde los comienzos del pontificado. Cuajó, ya en el tercer año, en la primera carta de un pontífice –si no me equivoco- dedicada a desarrollar, dentro de la doctrina social de la Iglesia, el cuidado de la casa común de la humanidad: la encíclica Laudato si’, del 24 de mayo de 2015, día de Pentecostés.
Fueron antes y después constantes las referencias, especialmente en sus viajes a países en vías de desarrollo y en sus intervenciones ante organismos internacionales. Hasta el reciente mensaje conjunto con el patriarca ecuménico Bartolomé, con motivo de la III Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación, celebrada el primero de septiembre. Muy al comienzo del texto, se lee: “La tierra nos fue confiada como un don y un legado sublime, del que todos somos responsables hasta que, ‘al final’, todas las cosas en el cielo y en la tierra serán recapituladas en Cristo (cf. Ef 1,10). Nuestra dignidad y bienestar humano están profundamente conectados con nuestro cuidado por toda la creación”.
Por eso lamentan la lejanía actual del sentido original de la naturaleza creada, y previenen contra las consecuencias trágicas y duraderas de una “cosmovisión alternativa”, que sufren sobre todo las personas más vulnerables. Concluyen con una llamada urgente a los líderes “para que escuchen el grito de la tierra y atiendan las necesidades de los marginados, pero sobre todo para que respondan a la súplica de millones de personas y apoyen el consenso del mundo por el cuidado de la creación herida”.
La experiencia de las conferencias de prensa durante los viajes pontificios muestra cómo es posible resumir en pocas líneas la mente y el corazón del obispo de Roma en relación con asuntos de máxima entidad. Así, ante la negación de la responsabilidad humana en el origen del cambio climático y sus consecuencias, el papa afirmó –la traducción es mía- que “quien lo niegue tiene que acudir a los científicos y preguntarles. Hablan muy claro. Los científicos son precisos. 
El otro día, cuando se difundió la noticia de ese barco ruso -creo- que fue de Noruega a Japón o Taipéi pasando por el Polo Norte, sin el rompehielos, y las fotografías dejaban ver trozos de hielo... A través del Polo Norte ahora, se puede pasar. Es muy claro, es muy claro. Cuando se publicó esta noticia, salió otra, de una universidad -no recuerdo de dónde- que decía: ‘Sólo tenemos tres años para dar marcha atrás; de lo contrario, las consecuencias serán terribles’. No sé si es exacto  'tres años' o no; pero sí que, si no rectificamos, caeremos por una pendiente. Vemos los efectos del cambio climático, y los científicos marcan claramente el camino. 
Y todos tenemos una responsabilidad moral, todos -pequeña o grande- al aceptar, opinar o tomar decisiones. Y tenemos que tomarlo en serio. Creo que es algo que no puede tomarse a broma, es muy grave. Me pregunta: ¿cuál es la responsabilidad moral? Cada uno tiene la suya. También los políticos tienen la suya. Según la respuesta que da cada uno. En síntesis, primero, cada uno tiene su propia responsabilidad moral. Segundo, si uno tiene dudas, que pregunte a los científicos -son clarísimos, no hablan a voleo...: son claros- y que decida luego. Y la historia juzgará las decisiones”.
Ante la insistencia de otro periodista italiano, Enzo Romeo, que se refirió también a las inundaciones sufridas en Italia y en la propia Roma, y a la lentitud en tomar conciencia del problema, Francisco evocó una frase del Antiguo Testamento sobre la estupidez testaruda del único animal de la creación que tropieza dos veces en la misma piedra. “Por la soberbia, la presunción de decir: ‘No, no será así...’” (Aparte del dios Dinero): “el hombre es estúpido, dice la Biblia. Y así, cuando no se quiere ver, no se ve. Se mira a otra parte”.
religionconfidencial.com

Un nuevo enfoque para el Instituto Juan Pablo II sobre el matrimonio y la familia

Con un motu proprio publicado el 19 de septiembre, el Papa Francisco ha reemplazado el Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia por otro, de nombre similar, que hará más hincapié en las perspectivas pastorales destacadas por los dos últimos Sínodos y la exhortación apostólica Amoris laetitia.
En la primera parte del documento, Francisco explica las razones del cambio. Recuerda que la creación del actual Instituto siguió al Sínodo de los obispos sobre la familia de 1980 y a la exhortación apostólica postsinodal Familiaris consortio (1981). Desde entonces, ha llevado a cabo un “prolífico trabajo de profundización teológica y de formación pastoral”. Pero ahora quiere renovarlo para poner en la base de su reflexión las conclusiones de los dos últimos sínodos (2014 y 2015) y de Amoris laetitia (2016).

Perspectiva pastoral


El nuevo Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia prestará más atención a “los nuevos desafíos pastorales a los que la comunidad cristiana está llamada a responder”. Esto “requiere que –incluso en el ámbito de la formación académica– en la reflexión sobre el matrimonio y la familia no falten nunca la perspectiva pastoral y la atención a las heridas de la humanidad”.
LEER MAS 
Aceprensa.com

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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Ya he visto Valerian




















Vengo de ver la película Valerian. Me ha gustado mucho. Por supuesto que es una película meramente visual, un producto para el mero entretenimiento. Pero para los que disfrutamos con los comics originales de esta serie, en los años 80, ha sido un viaje a la nostalgia. Luc Besson ha hecho una obra más que digna y estoy muy contento.

El mundo en 1984, cuando yo leía a Valerian, era tan distinto. Cómo ha podido cambiar tanto el mundo. Es esa época, Estados Unidos era el imperio indiscutible. Su predominio parecía imbatible durante varias generaciones. En treinta años, el mundo ha dado un vuelco jamás esperado: países que entonces parecían petrificados en su pasado, como Indonesia, ahora son economías rampantes.

Tantos elementos tecnológicos que hoy día son usuales, entonces eran impensables hasta para las obras más fantasiosas. Los coches volaban y había rayos láser, pero nadie pensó en Internet o los móviles.


A veces se nos olvida que ya vivimos en el futuro. El futuro es esto, no lo que imaginábamos. El futuro es Trump, la segunda parte de Blade Runner, el restaurante de sushi, el blog. 

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Jauja: tesis doctoral en Castellani e invitación a congreso

La Dra. en Letras, colega durante algunos años y amiga personal, Liliana Pinciroli de Caratti ha defendido y aprobado con honores en una universidad pública, una tesis fundamental acerca del pensamiento del Padre Leonardo Castellani, el cura loco.

Para los amigos de las letras y de este profeta argentino, venga el trabajo que generosamente nos hiciera llegar: infaltable para quien desee bucear hasta la isla de Jauja.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi

Para descargar o leer online la tesis, hacer clic AQUÍ

PS: la imagen de Castellani corresponde a la pintura que un lector del blog nos hizo llegar generosamente. Su sitio puede consultarse aquí

PS2: la Dra. Pinciroli, junto con otros colegas y amigos, disertará en el mes de Octubre en el “Congreso Castellani” 2017, que se realizará en la ciudad de Mendoza, Argentina, el 7 y 8 de octubre. Más info, haciendo clic aquí


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  1. Añadir a la agenda de contactos de su teléfono este número tal como está: 005491135809554 o bien +5491135809554 (pueden agendarlo como “Que no te la cuenten” o como deseen).
  2. Una vez agregado, enviar un mensaje vía Whatsapp con la palabra “ALTA” (es imprescindible enviar un primer mensaje para poder ser agregado a la lista).

Ya está. A partir del próximo post comenzarán a recibir automáticamente las nuevas entradas en sus teléfonos.

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