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lunes, 20 de junio de 202016

El Evangelio del dia



lunes, 22 de enero de 2018

Hugo Wast no era antisemita (4-4)

d. Que lo que impera en el judaísmo actual es el espíritu del Talmud

Como vimos más arriba, es común pensar que con el judaísmo nos une el Antiguo Testamento, sin embargo no es tan así. O no es siempre así. «El judío es un pueblo atado a un Libro, el Libro por excelencia, la Ley, la Thora. En realidad forman la Thora los cinco libros del Pentateuco que escribió Moisés. Pero los judíos sólo aceptan la Thora con las interpretaciones que los Rabinos han ido trasmitiendo de boca en boca como palabra de Dios superior a la del mismo Moisés, interpretaciones que han quedado consignadas y en cierto modo petrificadas en un voluminoso libro, llamado el Talmud, que es el código civil y religioso de los judíos»[1].

En consonancia con esto, y citando a varios autores judíos Wast[2] afirma:

Si los judíos se hubieran regido solamente por las leyes de la Biblia, habrían acabado por confundirse con los pueblos cristianos. Mas se aferraron al Talmud, su código religioso y social, selva inextricable de prescripciones rigurosas que conferían a los rabinos, sus únicos intérpretes, una autoridad superior a la de Moisés y de los Profetas.

«Hijo mío», ordena el Talmud, «atiende más a las palabras de los rabinos que a las palabras de la Ley»[3]. «Las palabras de los antiguos [léase rabinos] son más importantes que las palabras de los Profetas». El gran rabino Michel Weill, en una obra fundamental, dice: «Israel debe a la moral del Talmud en buena parte su conservación, su identidad y el mantenimiento de su individu­lidad en el seno de la dispersión y de sus terribles pruebas»[4]. La misma idea, en Bernardo Lazare: «El Talmud formó a la nación judía después de su dispersión… fue el molde del alma judía, el creador de la raza»[5]. Pero al Talmud ya no lo leen sino los rabinos; la mayoría de los judíos ignora la lengua —un antiguo caldeo, muy difí­cil— en que está escrito. Es verdad: el judío moderno ha perdido las ideas sobre­naturales; no cree en Dios y si observa algún rito religioso no es por piedad, sino por nacionalismo. Él no lee el Talmud, pero su rabino lo lee, y eso basta para que el fuerte espíritu de la obra se difunda en ese pueblo que ve en sus sacerdotes a los conductores de la raza. «El judío irreligioso y a veces ateo», dice Lazare, «subsiste porque tiene la creencia de su raza. Ha conservado su orgu­llo nacional»[6].

Pero ¿qué lo hace pensar así? «¿Cuál es —se pregunta Wast— el espíritu del Talmud»[7]? En dos palabras: el orgullo nacional y la astucia (…). «No se tema que un buen israelita pueda ofenderse porque le digan orgulloso y astuto. La simplicidad y la humildad son virtudes del Evangelio, no del Talmud» —nos dice. Se trata de una moral utilitaria, como dice uno de sus autores; una moral que busca la sabiduría (hokma) entendida como habilidad y astucia[8].

Desde la más remota antigüedad los judíos conocían la ley a partir de la oralidad, con la cual interpretaban la ley mosaica y los profetas. Dicha ley tenía por nombre Mischna (segunda Ley) que, con el andar de los siglos, llegó a ser infinitamente copiosa y confirió un poder inmenso a los doctores que la conocían y la interpretaban. Fue finalmente, en el siglo II de la era cristiana, cuando el rabino Jehuda el Santo, «condolido de la desaparición paulatina de tantas prescripciones, resolvió recogerlas por escrito, violando con ello cierta regla que lo prohibía. Convocó un sínodo de doctores y empezó la redacción de la Mischna, y luego aparecieron los comentarios de los ra­binos, o sea la Guemara. Estos comentarios constituyeron el Talmud»[9].

Valga decir que, a partir de este momento, comenzaron a transcribirse tendenciosamente las profecías mesiánicas, cuidando que no develasen a Quien ya había venido: Jesucristo.

e. Que los Protocolos quizás son falsos pero…

Para los neófitos, lo que se conoce bajo el nombre de «Los protocolos de los sabios de Sión», es un conjunto de veinticuatro actas que habrían sido confeccionadas en 1897, en Basilea, por los principales jerarcas judíos. Allí, con lujo de detalles, se lee el plan sistemático de dominio a poner en práctica a lo largo del siglo XX.

La primera edición de los Protocolos vio la luz en San Petersburgo (1902) con el nombre de Lo grande en lo pequeño y el anticristo como posibilidad inmediata de gobierno, bajo la responsabilidad de un monje católico llamado Sergio Nilus. Dicho religioso declaró que los manuscritos le habían llegado en francés y a partir de un robo sufrido por el judío Teodoro Herlz. Vale recordar que la autenticidad de los Protocolos ha hecho derramar cataratas de tinta.

Lo que Wast discute no es su autenticidad, sino su cumplimiento; en efecto, quien se anime a leerlos (si los consigue impresos pues están fuera de circulación) creerá estar leyendo algo actual por las innumerables coincidencias con la realidad: el dominio de los medios de comunicación, la industria, la empresa y la judaización del cristianismo, son sólo algunos botones de muestra, de ahí que Martinez Zuviría dijera con anticipación:«sin pronunciarme sobre la insoluble cuestión de su autentici­dad, me limitaré a decir que con buenas palabras los judíos alegan que son falsos; pero, con hechos, todos los días nos prueban que son verdaderos. Los Protocolos serán falsos… pero se cumplen maravillosamente»[10].

Poner en duda la falsedad de los Protocolos era (y es) análogo a poner en duda hoy el Holocausto o los 30.000 desaparecidos… Quien lo hiciera no la sacaría gratis, como le sucedió a Wast, quien no tenía empachos ni temores[11].

 

*             *             *

Podríamos seguir, pero creemos que con lo dicho ya es suficiente como para cavarnos la fosa; lo que no queremos es que sea demasiado honda para no incomodar al sepulturero. Meterse a hablar de los judíos no resulta cómodo. Wast bien podría habernos evitado la cicuta. Y no resulta cómodo porque hoy, como en épocas de Nuestro Señor, decir la verdad es plausible de sanción. Sanción desde afuera y sanción desde adentro. Quien lo haga, debe estar dispuesto a ser ofendido, despreciado, silenciado.

Recuerdo haber escuchado que, cierta vez, le comunicaron al Padre Meinvielle que su libro sobre el pueblo elegido estaba siendo durísimamente criticado por los medios­[12]. Con talante tranquilo, respondió sin dudar: «Los insultos de los judíos me honran». Es que la verdad siempre honra, aunque a veces duela.

Las verdades proclamadas por Wast, asimismo, no van contra su persona; no debemos engañarnos. Como bien nos decía uno de sus detractores al principio de estas líneas, «sus raíces son otras»; lo que se intenta atacar al silenciarlo, lo que se intenta prevenir, es el resurgir de un «cristianismo ortodoxo», de un «nacionalismo católico», al estilo de «Meinvielle, Pío XI y Pío XII»[13].

No debemos caer en equívocos; al enemigo de la Iglesia no lo amedrentan sólo las líneas escritas por Wast, sino el catolicismo militante que aquél encarna; el modelo de hombre comprometido con la Verdad que sigue proclamándola «desde el tejado». Ese catolicismo que trata de «rehacer el mundo desde sus cimientos» (Pío XII) ante una apostasía silenciosa ya no silenciosa, sino rimbombante.

Pero, podríamos preguntarnos: ¿Hacía falta repetir estas consideraciones? ¿Hacía falta una defensa de uno de los más grandes escritores que ha dado la Argentina? Creemos que sí, porque si Cristo es el amor de los amores, el temor a sus enemigos es el temor de los temores.

Hugo Wast, no dejó de proclamar la verdad ni de someterse a la conspiración del silencio; y todo ello tuvo un premio: el premio de la persecución, como había proclamado el Mesías prometido: «si a mí me persiguieron también os perseguirán a vosotros»). Para seguir sus pasos e imitar su ejemplo, basta recordar la única palabra que permitió colocar en su sepultura: «Adsum»: ¡estoy presente!

 

P. Javier Olivera Ravasi

 

 

APÉNDICE

 

Carta de Hugo Wast al diario La Nación, 1935

¿Es lícito en la Argentina hablar de los judíos?

 

Buenos Aires, Agosto de 1935

Señor Director:

Permítame que le comunique un episodio reciente, que quizá tenga interés para numerosos lectores.

En Argentina nos jactamos de gozar de una libertad de prensa tan amplia que, a veces, nos parece excesiva. Nos imaginamos que se puede escribir sobre todo, especialmente sobre los frailes, el Papa, la patria y Dios. Y cuando digo escribir sobre, quiero decir escribir contra. Y si alguien nos afirmara que esa maravillosa libertad es sólo aparente, y que hay un poder oculto que ejerce la más tiránica de las censuras, sin que el público lo advierta, no faltaría quien le replicase indignado: ¡Tal poder no existe¡

Y bien, yo acabo de sentir la presión de esa mano, que desde la sombra maneja algunas de nuestras libertades. Y voy a referir cómo.

Cierta importante empresa editó algunas novelas mías, y me asignó, como derechos de autor, determinado espacio en revistas de gran circulación, para anunciar mis libros.

Publicó algunos avisos de «El Kahal» y «Oro», cuando de pronto, un grupo de anunciadores judíos le prohibió esa propaganda, so pena de boicot. Un aviso más que publicara significaría su ruina, porque el 80% de la publicidad, base financiera de esos periódicos, proviene de empresas estrechamente solidarias y obedientes a las instrucciones del Kahal…

Ahora yo preguntaría a los hombres prudentes, que me acusan de provocar el peligro judío, con la misma ingenuidad con que el indio acusa al termómetro de provocar la fiebre, si sospechaban que el Kahal controlase hasta los avisos de nuestros periódicos.

Deseo dejar bien establecido que yo no discuto el derecho con que estos señores dan o retiran anuncios.

Me limito a preguntar a los escépticos y a los que suelen espantarse de cuatro frailes congregados en un convento ridículamente pobre, sin no los inquieta un poco más el saber que existe en nuestro joven país, una organización secreta y extraña a la tradición argentina, verdadera peña de magnates, señores de las finanzas y más que todo, dueños de orientar o de extraviar la opinión pública, por el control que ejercitan sobre los periódicos y hasta sobre los cinematógrafos y las agencias de noticias.

Si para cortar la publicación de un simple anuncio, este poder ejerce tan irresistible presión, que no hará para impedir que aparezca una noticia o que se escriba un editorial, o para desencadenar una campaña de prensa que favorezca sus planes o negocios.

El Kahal es omnipotente por sus recursos y por la ciega disciplina de los factores humanos que maneja.

En los famosos «Protocolos de los Sabios de Sión» se dispone lo siguiente: «El que quiera atacarnos con su pluma no encontrará editor» (Sesión 12).

Los mismos que sostienen con palabras la falsedad de los «Protocolos», cada día con hechos nos prueban su verdad.

Una violenta campaña de pasquines ruge en torno de mi nombre. Me atacan con las armas habituales: la intriga y la calumnia, y me atacarían mucho más, si no temiesen dar enorme resonancia al libro que quisieran aniquilar.

 Aquí todos (sin ninguna excepción) podemos hablar de todo (con una sola excepción). Podemos hablar de los alemanes y de los españoles; de los jesuitas y de los musulmanes, podemos blasfemar de Dios y negar a la patria, porque eso es ser librepensador.

 Yo tenía delante de mí ese inmenso campo, para cubrirlo de tinta y de bilis. Y no lo hice. En cambio quise tratar en un libro, sin injurias y sólo con citas de grandes autores judíos, para que fuesen testimonio irrecusable, de la peligrosa política del Kahal, y eso no es lícito. Nuestra Constitución lo permite, pero el Kahal lo prohíbe.

 Y aunque la inmensa mayoría del país esté conmigo, y repita en voz baja, lo que yo he dicho sin reservas, seré perseguido —según me anuncian—, hasta la quinta generación.

 No me inquieta. Soy argentino y estoy en mi patria, en esta sagrada tierra sobre la cual se fijaron hace 40 años los ojos inteligentes de Teodoro Herzl, el gran judío, que lanzó la idea de restaurar su nación y entrevió en la nuestra la futura Palestina (L’Etat Juif, Pág. 94).

 Por poderosos que sean los recursos del Kahal y hábiles sus intrigas, no temo que lleguen a hacerme extranjero en mi patria.

 Ellos tienen centenares de millones. La lluvia y el sol argentinos están en sus manos. Yo no tengo nada. He labrado materialmente la tierra, he dado a mi país trece hijos, he escrito treinta libros, traducidos a casi todos los idiomas europeos, inclusive al ruso, y me he negado a retirar el último, que ha aparecido en buena hora.

 Creo haber cumplido con mi deber.

 Agradezco al señor Director la atención que se ha dignado prestarme y lo saludo atentamente. 

Hugo Wast

Dr. Gustavo Martínez Zuviría

 


[1] Julio Meinvielle, op. cit., 31.

[2] Hugo Wast, op. cit., 25-26.

[3] Tratado Erubin, fol. 21b.; citado por Hugo Wast, op. cit., 26.

[4] Michel Weill, Le judaisme, ses dogmes et sa mission, «Introd. génerale», París, Librairie Israélite, 1866, p. 135 ; citado por Hugo Wast, ídem.

[5] Bernarde Lazare, op. cit., t. I; citado por Hugo Wast, ídem.

[6] Bernarde Lazare, op. cit., t. I, p. 138; citado por Hugo Wast, ídem.

[7] Hugo Wast, El Kahal-Oro, 27.

[8] Adolphe Lods, Les Prophètes d’Israël, París, La Renaissance du Livre, 1935, p. 374 (citado por Hugo Wast, ídem 27).

[9] Hugo Wast, op. cit., 27-28.

[10] Hugo Wast, op. cit., 30.

[11] «Para los hombres de su raza (judía) (los Protocolos) equivale a la Imitación de Cristo», llegó a escribir (Hugo Wast, op. cit.,201).

[12] Julio Meinvielle, op. cit.

[13] Horacio Verbitsky, op. cit.

 


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Dignidad del trabajo

Carta del Papa Francisco a la Conferencia Internacional “De la Populorum Progressio a la Laudato si":
El Beato Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio decía que «el desarrollo [humano] no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral», es decir, promover toda la integridad de la persona, y también a todas las personas y pueblos. Y dado que «la persona florece en el trabajo», la Doctrina Social de la Iglesia ha enfatizado, en repetidas ocasiones, que ésta no es una cuestión entre tantas, sino más bien la «clave esencial» de toda la cuestión social. En efecto, el trabajo condiciona no sólo el desarrollo económico, sino también el cultural y moral de las personas, de la familia, de la sociedad.
          Como base del florecimiento humano, el trabajo es clave para el desarrollo espiritual. Según la tradición cristiana, éste es más que una simple labor; es, sobre todo, una misión. Colaboramos con la obra creadora de Dios, cuando por medio de nuestro obrar cultivamos y custodiamos la creación (cf. Gn 2,15); participamos, en el Espíritu de Jesús, de su misión redentora, cuando mediante nuestra actividad alimentamos a nuestras familias y atendemos las necesidades de nuestro prójimo. Jesús, quien dedicó la mayor parte de su vida terrena a la actividad manual junto al banco del carpintero y consagró su ministerio público a liberar a personas de enfermedades, sufrimientos y de la muerte misma, nos invita a seguir sus pasos a través del trabajo. De este modo, «cada trabajador es la mano de Cristo que continúa creando y haciendo el bien».
        El trabajo, además de ser esencial para el florecimiento de la persona, es también la clave para el desarrollo social. «Trabajar con otros y para otros», como afirmaba San Juan Pablo II y el fruto de este hacer «es ocasión de intercambio, de relaciones, y de encuentro». Cada día, millones de personas cooperan al desarrollo a través de sus actividades manuales o intelectuales, en grandes urbes o en zonas rurales, con tareas sofisticadas o sencillas. Todas son expresión de un amor concreto para la promoción del bien común, de un amor civil.
           
     El trabajo no puede considerarse como una mercancía ni un mero instrumento en la cadena productiva de bienes y servicios, sino que, al ser primordial para el desarrollo, tiene preferencia sobre cualquier otro factor de producción, incluyendo al capital. De allí el imperativo ético de «preservar las fuentes de trabajo» (Evangelii Gaudium), de crear otras nuevas a medida que aumenta la rentabilidad económica, como también se necesita garantizar la dignidad del mismo.

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La mensual minerva de Braojos de la Sierra

La Basílica de Santa María supra Minerva, de Roma, es considerada como la basílica madre de todas las hermandades y archicofradías que se han ido erigiendo para honor y culto del Santísimo Sacramento. La hermandad romana del Santísimo Sacramento con sede en esta basílica, tenía como uno de sus actos de culto más característicos la procesión con el Santísimo Sacramento dentro de los muros del templo, que se realizaba los terceros domingos de cada mes.

La hermandad sacramental de Braojos se funda el 20 de mayo de 1589, y fue agregada a la hermandad madre de Santa María supra Minerva de Roma. Pues bien, desde entonces y hasta hoy, sin más paréntesis que el obligado de la guerra civil, Braojos mantiene su procesión eucarística por dentro de los muros del templo cada tercer domingo de mes, a la que popularmente se designa como “minerva”.  

Así me lo dijeron al llegar: que la semana que viene tenemos minerva… Ayer, tercer domingo de enero, nuestra minerva.

Al finalizar la misa dominical los hermanos de la sacramental se acercan al altar mayor con el palio, cruz alzada y signos de la hermandad. El sacerdote inciensa el Santísimo Sacramento, se coloca el paño humeral y toma la custodia. La procesión recorre el pasillo central, para regresar por el pasillo del lado de la epístola y hacer la estación sacramental en el impresionante retablo lateral de la Asunción, obra de Gregorio Fernández con pinturas de Vicente Carducho.

Tras la estación, regreso al altar mayor para la oración final, la bendición y las alabanzas finales al Santísimo Sacramento, tras las cuales se lleva a cabo la reserva.

Podemos hacer las consideraciones que queramos. Yo hago la primera: más de cuatrocientos años procesionando con el Santísimo Sacramento cada tercer domingo de mes. A partir de ahí, lo que quieran.

Unos ven lo medio vacío: no vienen y luego aparecen algunos para la minerva. Perfecto. Otros, medio lleno: sigue haciéndose la minerva.

¿Y yo qué pienso?

Pienso, para empezar, que no solo no es malo, sino que el culto al Santísimo Sacramento siempre es buenísimo. Y que los que ahí estanos, muchos o pocos, o mejor pocos porque el pueblo es pequeño, lo hacemos libremente, con una mezcla de fe y tradición que nos mantienen en esa devoción.

La minerva se lleva a cabo con un gran respeto, con sus cantos y signos, y libremente.

Pienso que es una lástima que todo lo que servía para la expresión de fe de la gente sencilla y no tan sencilla, se haya denostado tanto en el pasado, dejando a la gente desnuda en expresiones y lejos de unos modos que no han sabido hacer suyos.

Y estoy convencido de que la religiosidad popular es una fuente inagotable de acción pastoral que merece la pena aprovechar. Ayer por ejemplo, y tras la minerva, bendición de animales con motivo del pasado San Antón. Pues no saben el éxito de la convocatoria… Seguiremos. 

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domingo, 21 de enero de 2018

El domingo, 28 de enero de 2018

Liturgia diaria meditada - El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca (Mc 3, 22-30) 22/01



Lunes 22 de Enero de 2018
Misa a elección:

Feria. Verde.
San Vicente, diácono y mártir. (ML). Rojo.
Beata Laura Vicuña, virgen. (ML). Blanco.

Vicente es el primer mártir español. Desempeñó su ministerio como diácono de Zaragoza en tiempos del obispo Valerio. Apresado por ser cristiano, junto con el obispo, sufrieron terribles torturas y, finalmente, recibieron la muerte en el año 304.

Laura Vicuña nació el 5 de abril de 1891 en Santiago de Chile, y falleció el 22 de enero de 1904 en Junín de los Andes (Neuquén, Argentina). Su nombre completo es Laura del Carmen Vicuña Pino, y fue una niña chilena beatificada en 1988. En ambos países es patrona de mártires, huérfanos y víctimas de abuso. Su día festivo coincide con el aniversario de su muerte.

Antífona de entrada         Sal 95, 1. 6
Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra. En su presencia hay esplendor y majestad, en su santuario, poder y hermosura.

Oración colecta    
Dios todopoderoso y eterno, ordena nuestra vida según tu voluntad para que, en el nombre de tu Hijo amado, podamos dar con abundancia frutos de buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:         de san Vicente
Dios todopoderoso y eterno, infunde bondadosamente tu Espíritu en nosotros, para que nuestros corazones sean fortalecidos por aquel amor invencible con que el mártir san Vicente superó todos los tormentos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:         de la beata Laura
Padre de inmensa ternura, que en la adolescente Laura Vicuña uniste de modo admirable la fortaleza de espíritu y el candor de la inocencia, concédenos, por su intercesión, valentía para superar las dificultades de la vida y dar testimonio ante el mundo de las bienaventuranzas de los limpios de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo...ración sobre las 

Oracion sobre las ofrendas       
Recibe con bondad nuestros dones, Señor; y al santificarlos, haz que se conviertan en causa de salvación para nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      Cf. Sal 33, 6
Miren hacia el Señor, y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán.

Oración después de la comunión
Dios todopoderoso, concédenos, a los que somos vivificados por tu gracia, alegrarnos siempre con el don recibido. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        2Sam 5, 1-7. 10
Lectura del segundo libro de Samuel.

Todas las tribus de Israel se presentaron a David en Hebrón y le dijeron: “¡Nosotros somos de tu misma sangre! Hace ya mucho, cuando aún teníamos como rey a Saúl, eras tú el que conducía a Israel. Y el Señor te ha dicho: ‘Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de Israel’”. Todos los ancianos de Israel se presentaron ante el rey en Hebrón. El rey estableció con ellos un pacto en Hebrón, delante el Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel. David tenía treinta años cuando comenzó a reinar y reinó cuarenta años. En Hebrón reinó siete años y seis meses sobre Judá, y en Jerusalén, treinta y tres años sobre todo Israel y Judá. El rey avanzó con sus hombres sobre Jerusalén, contra los Jebuseos que habitaban en el país. Pero estos dijeron a David: “No entrarás aquí. Los ciegos y los inválidos bastarán para impedírtelo”. Con esto querían decir: “David nunca podrá entrar aquí”. Sin embargo, David conquistó la fortaleza de Sión, es decir la Ciudad de David. Así David se iba engrandeciendo cada vez más, y el Señor, el Dios de los ejércitos, estaba con él.

Palabra de Dios.

Comentario
La monarquía de David se fue gestando paulatinamente. Primero, alcanzó una gran popularidad mientas reinaba Saúl; luego fue aclamado rey de Judá y, posteriormente, de Israel. Desde ese momento, se convirtió en la figura máxima de la realeza del pueblo judío.


Sal 88, 20-22. 25-26
R. Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán.
Tú hablaste una vez en una visión y dijiste a tus amigos: “Impuse la corona a un valiente, exalté a un guerrero del pueblo”. R.

Encontré a David, mi servidor, y lo ungí con el óleo sagrado, para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga poderoso. R.


Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán, su poder crecerá a causa de mi Nombre: extenderé su mano sobre el mar y su derecha sobre los ríos. R.


Aleluya        cf. 2Tim 1, 10

Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte e hizo brillar la vida, mediante la Buena Noticia. Aleluya.

Evangelio     Mc 3, 22-30

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Los escribas que habían venido de Jerusalén decían acerca de Jesús: “Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios”. Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: “¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre”. Jesús dijo esto porque ellos decían: “Está poseído por un espíritu impuro”.
Palabra del Señor.

Comentario

Jesús se muestra sorprendido por las acusaciones de quienes no lo comprenden, ni aceptan su ministerio. ¿Decir que el demonio viene a expulsar el mal? ¡Es una locura! Porque cuando el corazón está cerrado, se torna incapaz de aceptar lo que no quiere ver.


Oración introductoria
Gracias, Padre mío, por recordarme la importancia de la unidad. Tú conoces mis limitaciones y mis miserias y sabes cuánto falta me hace tu gracia para crecer en el amor y ser factor de unidad en todas mis relaciones familiares y sociales. Concédeme tu luz en esta oración para que sea la caridad la que me mueva siempre a buscar la unión contigo y con los demás.

Petición
Jesús, ayúdame a conocer, vivir y transmitir tu amor.

Meditación 

Hoy, al leer el Evangelio del día, uno no sale de su asombro. «Los escribas que habían bajado de Jerusalén» ven la compasión de Jesús por las gentes y su poder que obra en favor de los oprimidos, y —a pesar de todo— le dicen que «está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios» (Mc 3,22). Realmente uno queda sorprendido de hasta dónde pueden llegar la ceguera y la malicia humanas, en este caso de unos letrados. Tienen delante la Bondad en persona, Jesús, el humilde de corazón, el único Inocente y no se enteran. Se supone que ellos son los entendidos, los que conocen las cosas de Dios para ayudar al pueblo, y resulta que no sólo no lo reconocen sino que lo acusan de diabólico.

Pero el Señor sufre con paciencia ese juicio temerario sobre su persona. Su condescendencia sin límites le lleva, incluso, a tratar de remover sus corazones argumentándoles con parábolas y consideraciones razonables. Aunque, al final, advierte con su autoridad divina que esa cerrazón de corazón, que es rebeldía ante el Espíritu Santo, quedará sin perdón (cf. Mc 3,29). Y no porque Dios no quiera perdonar, sino porque para ser perdonado, primero, uno ha de reconocer su pecado.

Como anunció el Maestro, es larga la lista de discípulos que también han sufrido la incomprensión cuando obraban con toda la buena intención. Pensemos, por ejemplo, en santa Teresa de Jesús cuando intentaba llevar a más perfección a sus hermanas.

"Un reino dividido no puede subsistir" Si una persona está haciendo dos cosas está dividida. Esto porque si se tienen dos pensamientos y se desea concluir cada uno al mismo tiempo se crearía un problema serio. 

Pasa lo mismo en la vida interior. El hombre que está continuamente dividido, pensando en sí mismo, diciendo una cosa y haciendo otra, es un verdadero desastre. No se puede vivir feliz así. 

La felicidad en la vida se encuentra en Jesucristo, y en hacer siempre aquello que él quiere de cada uno de nosotros. Por lo tanto hay que ser hombres de una sola pieza para no destruirnos al igual que el reino dividido.

No nos extrañe, por tanto, si en nuestro caminar aparecen esas contradicciones. Serán indicio de que vamos por buen camino. Recemos por esas personas.

Propósito
Reconciliar a todos los cristianos en la unidad de una sola y única Iglesia de Cristo, supera las fuerzas y las capacidades humanas, por eso hoy haré una oración por la unidad. 

Diálogo con Cristo


Una iglesia dividida, como cualquier familia, no puede subsistir. La persona misma, dividida interiormente, tampoco puede subsistir. El pecado, particularmente aquel que hiere la caridad, causa división. Los primeros cristianos me dan ejemplo clarísimo de cómo vivir la unidad. Ellos superaron las barreras sociales, económicas y culturales. Rezaban por los demás y se animaban unos a otros a perseverar en la fe en Jesucristo. Ayúdame, Señor, a vivir así la caridad, no permitas que hiera nunca la unidad. Que todas mis palabras y acciones sean para construir la caridad. 

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Santo de hoy - Laura del Carmen Vicuña Pino, beata chilena (+1904 dC) - 22/01



Laura del Carmen Vicuña Pino, más conocida como Laura Vicuña (Santiago, Chile, 5 de abril de 1891–Junín de los Andes, Argentina, 22 de enero de 1904) fue una beata chilena, patrona de las víctimas de abusos, víctimas de incestos, huérfanos, mártires de Chile y de Argentina. Su día de memoria es el 22 de enero.

Biografía

Nació el 5 de abril de 1891 en Santiago. Fue la primera hija del matrimonio de José Domingo Vicuña y Mercedes Pino.3 Fue bautizada en la Parroquia Santa Ana en Santiago, en la misma pila bautismal donde pocos años más tarde recibiría similar sacramento Juanita Fernández Solar, Santa Teresa de Los Andes. Su padre era militar y pertenecía a una familia de la alta sociedad chilena; su madre, en cambio, venía de un estrato social más bajo.

A finales del siglo XIX, Chile se encontraba en una Guerra Civil y de Sucesión. En uno de los bandos en disputa se ubicaba Claudio Vicuña, un pariente lejano de José Domingo, quien se postulaba a ser sucesor del presidente José Manuel Balmaceda. Sin embargo, Vicuña no pudo acceder al cargo y comenzó una persecución contra toda su familia, obligándolos a escapar fuera del país.

Luego del nacimiento de la segunda hija del matrimonio, Julia Amanda, José Domingo (el padre) falleció, dejando a su esposa y a sus hijas sin fondos, sin un futuro claro u horizontes que pudiesen seguir, además del riesgo que implicaba llevar el apellido Vicuña.

Por ello decidieron ir a Argentina para ocultarse durante un tiempo, mientras terminaban los conflictos en Chile.

Sus primeros años en Argentina

Mercedes y sus hijas se establecieron en las proximidades de Neuquén, Argentina. Al principio, buscó algún trabajo para poder costear los estudios de sus hijas, llegando a la estancia de Quilquihué. El dueño de esa finca era Manuel Mora. Este personaje acosó a la madre de Laura, presionándola para que la atendiera como una esposa, pero sin mediar un compromiso formal entre ambos. A cambio de ello, él costearía los estudios de sus hijas, y ellas permanecerían en la estancia.
Es así como Laura ingresa al colegio "Las Hijas de María Auxiliadora", que pertenece a la Congregación Salesiana, donde fue instruida tanto en lo cultural como en lo cristiano.

Primera comunión, últimos años y muerte

Laura realizó su primera comunión el 2 de junio de 1901.

Durante una de sus vacaciones escolares, Laura sufrió dos violentos ataques por parte de Manuel, quien buscaba doblegar su voluntad. Como no logró su objetivo, Manuel Mora se negó a seguir costeando los gastos de los estudios de las niñas. Sin embargo, el colegio solucionó el problema permitiendo que Laura siguiera estudiando gratis. A pesar de esto, Laura pensaba que la situación de su madre no había mejorado, sintiendo que no había hecho nada por ayudarla.
Un día, y recordando la frase de Jesús: "No hay muestra de amor más grande que dar la vida por sus amigos", Laura optó por pedir a Dios la salvación de su madre a cambio de su propia vida. A los pocos meses cayó enferma, empeorando su salud conforme avanzaba la enfermedad. En una visita de su madre, Mora la agredió dejándola herida en su cama.

Antes de morir, Laura le pidió a su madre:

Muero, yo misma se lo pedí a Jesús, hace dos años que ofrecí mi vida por ti, para pedir la gracia de tu conversión, Mamá, antes de morir ¿tendré la dicha de verte arrepentida?

Doña Mercedes, con los ojos en llanto, le respondió diciendo:

Te juro en este momento que haré cuanto me pides. Estoy arrepentida. ¡Dios es testigo de mi promesa!

Laura dijo al sacerdote Genghini que la asistía, y luego a su madre:

Padre, mamá promete en este momento abandonar a aquel hombre; sea usted testigo de su promesa [...] ¡Gracias, Jesús!, ¡Gracias, María!, ¡Adiós, Mamá!, ¡Ahora muero contenta!

Así, el 22 de enero de 1904 murió Laura Vicuña Pino

Verdadero rostro

Una investigación encargada por religiosas salesianas argentinas y chilenas a Carabineros de Chile y publicadas en la prensa en febrero de 2010, reveló que el rostro por el cual se conocía a Laura Vicuña no pertenecía a ella, sino que se trataba de una pintura del artista italiano Caffaro Rore, hecha por encargo de las salesianas italianas e inspirado en una niña europea. El verdadero rostro de Laura Vicuña es el de una niña morena con rasgos mestizos.

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