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domingo, 25 de junio de 2017

Los griegos no eran sodomitas. Montajes homosexuales en clave de género (1-8)

Los griegos no eran sodomitas:Montaje homosexuales en clave de género

Por el Padre Javier Olivera Ravasi

“Los modernos han perdido mucho tiempo (…) queriendo presentar a la antigua Hélade como un paraíso para los invertidos, lo cual es excesivo: el mismo vocabulario de la lengua griega y la legislación de la mayor parte de las ciudades atestiguan que la homosexualidad no dejó de ser considerada como un hecho «anormal»” (Henry-Irenee Marrou)[1]. 

Que los espartanos eran afeminados; que Alejandro Magno también; que en el Banquete de Platón se habla de ello y que acostarse con efebos era moneda corriente en la Grecia antigua… ¿Cuántas veces hemos oído hablar de este tema sin tener una respuesta adecuada según las fuentes históricas?

Son tantas las veces que se nos ha golpeteado con esta cantinela dogmática que hasta uno podría plantearse: “si acaso fue así, ¿no debería volverse a practicar lo que aquellos sabios de la civilización occidental realizaban sin tapujos?”. Pues bien; acá está el punto y el caballo de Troya intelectual (nunca mejor cupo la expresión) que la ideología de género nos quiere hacer tragar para legitimar fenómenos decadentes de la vida moderna[2].

1.      El origen del mito

Digamos desde el inicio nomás que no se nos ocurre afirmar la inexistencia de homosexualidad o pedofilia en Grecia (¿dónde no las hubo?) sino simplemente decir que la moral tradicional de los helenos y hasta las propias leyes antiguas condenaban estas prácticas, incluso con la pena de destierro, en algunos casos.

Analizando este tópico moderno, uno encuentra que la primera “coincidencia” encontrada y que, en general se pasa por alto, es que casi todos los “expertos” que aluden a una extensión endémica de la homosexualidad en Grecia fueron ellos mismos una pandilla de homosexuales declarados. Y esto no resulta una mera refutación ad hominem, sino que, desde la perspectiva del autor, es inevitable que sus posturas (no sólo las intelectuales) caminen marcha atrás conforme a sus tendencias personales minoritarias.

Hablamos, por ejemplo, de “autoridades” de la talla de Walter Pater, Michel Foucault, John Boswell, John Winkler, David Halperin y Kenneth James Dover, quienes, al parecer, vivieron en sus mentes una serie de fantasías a costa de la historia griega. W. Pater, el primero de ellos (1839-1894) y profesor de Oxford, comenzó con el intento de justificación de la sodomía, analizando la historia antigua según las relaciones sodomíticas que mantenía él mismo con sus propios discípulos (fue profesor de Oscar Wilde, homosexual arrepentido y, con el tiempo, converso al catolicismo), e intentando justificarlas a la luz de la filiación espiritual que existía en la Hélade entre maestro y discípulo.

Es que el ladrón piensa que todos son de su condición.

Oscar Wilde y Lord Alfred

Esta camarilla de victorianos decadentes es la responsable de haber acomodado la historia y la mitología griega a sus fantasías y posiciones sexuales; obras que, con el tiempo, serán desempolvadas y hasta elogiadas -un siglo después- durante el advenimiento de la oleada hippie. Y valga tener en cuenta que, desde entonces, nadie ha aportado nada nuevo al tema, repitiendo como discos rayados una y otra vez la misma melodía; toda la información que existe hoy en internet sobre “la homosexualidad de los griegos”, por ejemplo, es un montaje perifrástico mal encarado.

Pero veamos: ¿dónde está la “prueba” de la homosexualidad aceptada en Grecia según estos autores? Pues aquí:

a) La primera de ellas plantea que los griegos, particularmente los de herencia jonia (como los atenienses), tendían a “recluir” mucho a sus mujeres y apartarlas de la vida pública, suprimiendo la imagen femenina de la vida social. Esta situación, valga la pena recordarlo, no era propia de toda la Hélade (en la Esparta doria las mujeres tenían una libertad realmente notable); sí era claro que los vínculos personales más fuertes solían darse entre hombres (la verdadera “libertad femenina” no llegará hasta que surja el cristianismo, mal que les pese a las feminazis modernas).

b) La segunda se basa en el ideal de belleza. Así como hoy en día el ideal del imaginario colectivo es el cuerpo de la mujer entre veinte o treinta años, en la Grecia antigua el ideal de belleza era la del muchacho que se hallaba entre la adolescencia y la madurez, considerado el único tipo humano que combinaba una vida de violento ejercicio al aire libre y salud corporal. Ahora: así como nadie diría que hoy, por mostrarse a la mujer como ideal de belleza, las mujeres deberían ser todas unas lesbianas empedernidas, lo mismo debería pensarse del prototipo masculino de belleza y las razones que se aducían para ello.

c) La tercera: en un pueblo que daba tanta importancia al entrenamiento deportivo, al combate y a la camaradería, era normal que, en el seno de aventuras y grandes batallas lejos del hogar, se forjasen vínculos extremadamente profundos entre hombres… Claro que eran vínculos raramente comprendidos por una sociedad pacifista, afeminada y sedentaria como la nuestra que, en todo caso, no iban más allá de una sólida hermandad. Es verdad, sin embargo, que debieron existir en estos ambientes, casos de relaciones anormales, pero de allí a pensar que todo soldado era sodomita, hay un abismo.

De hecho, los vocablos griegos para designar al maestro iniciador y al joven iniciado que aspiraba a convertirse en hombre, eran respectivamente erastes y erómenos, lo cual, traducido literalmente, sería algo así como “amante” y “amado”. Sin embargo, como veremos enseguida, la mentalidad de la Antigüedad distinguía claramente entre el amor carnal y el amor platónico, máxime en una cultura que consideraba que todo joven necesitaba la tutela y el consejo de uno mayor para llegar a ser sabio en la vida o excelso en el deporte. Más aún: si existía un lugar donde la conducta disonante del sodomita estaba mal vista, era sin duda en las asociaciones de cazadores y soldados del pasado remoto, donde el trabajo en equipo, la hermandad, el deber y la camaradería predominaban sobre los instintos individuales que se descargaban en combate (o con mujeres, a menudo capturadas y tomadas por la fuerza, como se ve en el famoso “Rapto de las sabinas”).

Dicho todo esto, comencemos a desmenuzar el mito.

[1] Henry-Irenee Marrou, Historia de la educación en la antigüedad, Akal/Universitara, Madrid 1985, 46.

[2] El presente trabajo se ha inspirado en el libro de Eduardo Velasco, El mito de la homosexualidad en la antigua Grecia, Camzo, Madrid 2012, 91 pp. (hemos agregado fuentes y notas). Véase también la obra de Félix Buffière, Eros adolescent, la pédérastie dans la Grèce Antique, Les Belles Lettres París 1980, 703 pp. (reseñado por Octavio A. Sequeiros en Argos nº 6 [1982], 102-108).

Los griegos no eran sodomitas. Montajes homosexuales en clave de género 

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El día del Señor: Domingo 12º del T.O. (A)

Como Jeremías (1ª lect.), los que siguen al Señor probarán la incomprensión, la burla y un rechazo incivil que puede incluso abocar a la muerte. Frente a esta posibilidad, Jesús repite tres veces que no tengamos miedo porque está con cada uno para vencer al mal (3ª lect.). Pero la confesión valiente de nuestra fe, aunque sin aspavientos, no debe aguardar a que se produzcan estas situaciones límite de persecución religiosa violenta, sino que debe articularse en los sucesos de cada día en el hogar; en el ejercicio de la profesión, negándonos con amabilidad pero sin temor a prácticas que desdicen de un buen cristiano; en los lugares de diversión y descanso, en las relaciones sociales.
“No tengáis miedo...” La Iglesia, apoyada en ésta y otras enseñanzas de Jesús, recuerda que existe el Infierno, que es verdaderamente terrible. Los mártires, que amaban la vida tanto o más que quienes se apegan a esta existencia terrena, tuvieron muy en cuenta esta advertencia del Señor. Sabían que la vida eterna es más valiosa que la temporal. No condenemos al silencio esta severa enseñanza de Jesús que tanto puede ayudarnos a embridar la concupiscencia de los ojos y de la carne y la soberbia de la vida ayudándonos a un vivir cristiano coherente.

Una vieja sentencia cristiana dice: Respice in finem, mira al fin. Y la Escritura aconseja: “Piensa en los Novísimos y no pecarás” (Eccl 7,40). El fin para los seres humanos racionales es el Cielo o el Infierno. ¿El Cielo? La visión de Dios cara a cara por toda una eternidad. Esa visión comportará una felicidad total, incluso corporal: “Ya no tendrán hambre, ni sed, ni descargará sobre ellos el sol, ni el bochorno, porque el Cordero que está en medio del solio será su pastor, y los llevará a fuentes de aguas vivas, y Dios enjugará todas las lágrimas de sus ojos” (Apoc 7, 16-17). En una palabra, no hay palabras para describir la inmensa dicha que se apoderará de quienes se vean inmersos en ese océano infinito de la Vida Trinitaria de Dios. Lo asegura S. Pablo: “Ni ojo vio, ni oreja oyó, ni pasó al hombre por pensamiento cuáles cosas tiene Dios preparadas para aquellos que le aman” (1 Cor 2,9). El Infierno, en cambio, es terrorífico.
“No tengáis miedo”, nos dice el Señor. En una sociedad en la que se considera una conquista el derecho y el respeto a la diferencia, aunque ésta sea tantas veces burlada, el avergonzarse temerosamente de las propias creencias sencillamente porque difieren de las que tienen las personas que tratamos, no debería tener sentido. Es más, junto a una lamentable falta de personalidad y libertad, un comportamiento semejante es sumamente peligroso porque el Señor ha asegurado que Él también se avergonzará de quien así se conduzca en el día del Juicio delante de su Padre y de sus ángeles. ¿Qué convicciones, qué libertad y qué concepto de sí mismo tiene quien no se atreve a vivir y a hablar como piensa?
“La Iglesia católica -dice Juan Pablo II- no dejará nunca de defender la libertad religiosa y la libertad de conciencia como derechos fundamentales de la persona, porque cree que no hay libertad posible ni puede existir verdadero amor fraterno fuera de la referencia a Dios... Cristo no obligó a nadie a aceptar sus enseñanzas. Las presentaba a todos sin excepción, dejando que cada uno fuese libre de responder a su invitación. Éste es el modelo que sus discípulos hemos de seguir... Lejos de sentirnos obligados a pedir excusas por poner el mensaje de Cristo a disposición de todos, estamos convencidos de que tenemos derecho y obligación de hacerlo”.
No escondamos nuestra condición de cristianos aunque con el Salmo Responsorial de hoy podamos afirmar: “Por Ti, Señor, he aguantado afrentas”. Enseñaremos así a muchos el verdadero sentido de los bienes de este mundo, el destino eterno a que toda criatura está llamada. Realizaremos un servicio colosal a tanta gente que, narcotizada por el afán desmedido de unos bienes efímeros, corre el peligro de olvidar aquellos otros que no se acaban, que nos darán la felicidad eterna. 
Lectura del libro de Jeremías (Jr 20, 10-13)
Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: "Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo." Mis amigos acechaban mi traspié: "A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él." Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.»
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rm 5, 12-15)
Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una trasgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la trasgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. 
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (Mt 10, 26-33)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.» 


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La ausencia como pataleo

El otro día les colgaba en el post una foto de la celebración del Corpus Christi en San Juan de Letrán, este año en domingo para facilitar la asistencia de los fieles. Bien es verdad que se veía poca gente, pero hay un detalle en el que no todos han caído, y es el de la cantidad de sillas destinadas a sacerdotes concelebrantes que se ven vacías.

Hay un hecho incuestionable: que la plaza de San Pedro cada vez acoge menos gente los miércoles en la audiencia general y los domingos para el rezo del ángelus. Era normal que la plaza se llenase, mientras que ahora apenas se cubre hasta el obelisco. Saque cada cual las conclusiones que quiera. La gente no dice nada, simplemente deja de ir.

Lo preocupante es que además de bajar la asistencia de fieles laicos, baja bastante me dicen la de sacerdotes y religiosos en actos del papa. Preocupante, porque los sacerdotes no somos de mucho protestar ni de hacerlo de forma notoria, porque no es nuestra costumbre y porque quien más y quien menos tiene su obispo y mejor no llevarse mal con la autoridad. Simplemente cuando algo no se ve claro, se deja de asistir y ya vendrán tiempos mejores.

No sé si de esto se dan cuenta el santo padre en Roma y los obispos en sus diócesis, pero si a las convocatorias del papa en Roma y de los obispos diocesanos a los sacerdotes el número de sacerdotes que responden va bajando y de forma palmaria, algo falla. No es fácil aceptar que quizá se está fallando en la misma convocatoria o en otras cosas, por eso la ausencia del clero en convocatorias diocesanas se suele achacar al mucho trabajo, el ambiente secularizado… Lo que quieran. Algo falla.

No voy a entrar en números ni en comparaciones, odiosas sobre todo para el que sale perdiendo. Tampoco en eso de que el número no importa, y que si el espíritu y que si patatín y que si patatán. Me limito a constatar algo evidente con toda la evidencia: la plaza de San Pedro se va por el desagüe.

¿Lo de las diócesis? Pues que pasa. Y que es demasiado fácil decir que si las convocatorias no tienen especial respuesta de sacerdotes y muchas veces, y en consecuencia, de fieles, es siempre porque los sacerdotes no ponemos interés, no colaboramos, no nos esforzamos y además el mundo es malo. A lo mejor es por otra cosa.  

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sábado, 24 de junio de 2017

Ya no me fio para nada del futuro de Google


Hace tiempo abrí un blog en el que aparecía, cada pocos días, un nuevo versículo de la Biblia. Era un blog para ponerlo como Home en el navegador y que llenaba la pantalla de blanco con el versículo en el centro. Al abrir el navegador, el versículo aparecía automáticamente.

Pero dejé de actualizarlo, porque Google Chrome, un buen día, decidió que no podías poner una web que se abriera automáticamente. Ellos querían poner su propia web y sus anuncios. A partir de ese momento, sólo te aparecía el Home si hacías click en ese botón.

Miré en foros a ver si había alguna opción para evitar esto, pero no la había. En esto, como en más cosas, se va optando por el dinero en vez de por el bien común. Algo que me parece muy mal, porque Google es prácticamente un monopolio. Pero da la sensación de que siempre se quiere un poco más dinero. Otra cosa muy fea de Google es que obligó a todos los usuarios a aceptar la nueva versión de navegador hace cosa de un año. No te dio opción a seguir con la antigua.


Esto es como Imagenio, que para acceder a tus propias grabaciones no puedes hacerlo directamente, tienes que pasar por dos páginas de propaganda de forma inevitable. En el mando hay botones para todo, hasta para las cosas más triviales. Pero no hay un botón para ir directamente a tus grabaciones, primero la propaganda. 

Google ha tenido varias actuaciones en los últimos años en que lo último en que ha pensado ha sido en los usuarios. Como cuando un buen día casi todas las imágenes buenas de los resultados de Google Images eran propiedad de Getty Images, de pago. Después aflojaron la cuerda, claro. Aquello era un escándalo. Una vez creado el monopolio... es lógico pensar que cada vez vayan ordeñando más a las ovejas.

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Descubriendo el arte segoviano: la casa de los Picos

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En esta página trato de exprear lo que pienso, lo que aspiro a lograr y también mis mejores recuerdos, los paisajes y personas que añoro y mis deseos de crecimiento y amistad. Está abierta a todos los que aspiran al crecimiento personal y a la mejora del mundo

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