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lunes, 20 de junio de 202016

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domingo, 26 de febrero de 2017

(421) La muerte cristiana, 7. –en la Liturgia, y II

Misa de funeral

Ya hemos hechopor él todo lo que se ha podido. Descanse en paz.

–Ahora podéis y debéis seguir haciendo por él mucho más: rezar, ofrecer Misas, limosnas, penitencias…

La Santa Madre Iglesia recuerda y ayuda siempre en la Liturgia a sus hijos difuntos que están en el purgatorio. Vamos a comprobarlo.

—En la Eucaristía

Transcribo de las cuatro Plegarias eucarísticas principales las oraciones de intercesión –el memento de difuntos– que cada día  se elevan a Dios en favor de las «benditas almas del purgatorio». Merece la pena leer con atención meditativa, frase por frase, estas oraciones que confiesan la fe y la esperanza de la Iglesia: lex orandi, lex credendi.

Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar de la luz y de la paz.

–IIª Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

–IIIª A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.

–IVª Acuérdate también de los que murieron en la paz de Cristo y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste.

En todas estas intercesiones eucarísticas por los difuntos se emplean términos bíblicos y tradicionales de gran belleza y de no menor profundidad teológica y espiritual.

En la Oración de los fieles en la Misa, aunque no sea una norma, es también frecuente que la última de las preces sea en favor de los difuntos. Por ejemplo: «por nuestros familiares y bienhechores difuntos, para que el Señor los reciba en la claridad de su gloria, roguemos al Señor». Y nuestras oraciones, hechas en la Eucaristía, al pie de la Cruz, ayudan mucho a nuestros hermanos difuntos. Estas ayudas son una grave obligación de la caridad, y no es poca cosa el pecado de omisión contrario. ¿Cuál es nuestra caridad, si no da de sí para ayudar a quienes ciertamente debemos ayudar?… Y ayudar con gran eficacia. Palabra de Cristo: «todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dará» (Jn 16,23)

—En el Ritual de Exequias

El nuevo Ritual de Exequias, promulgado por Pablo VI, adaptado y aprobado por la Conferencia Espicopal Española, y confirmado por la Congregación del Culto (1988), presenta una amplísima antología de oraciones, responsorios, lecturas, preces, que pueden elegirse en función de la persona difunta y de las circunstancias de su muerte (Editores Litúrgicos 2007, 10ª ed., 1558 págs). Ofrece, pues, en sus páginas para la meditación del misterio de la muerte cristiana una gran riqueza de textos, que proceden de la Sagrada Escritura, de la Tradición católica y de las diversas oraciones compuestas por la Iglesia al paso de los siglos.

—En las lecturas litúrgicas

Siendo tan fundamental el tema de la muerte, la Iglesia atesora una gran variedad de textos sobre ella en el leccionario del Misal Romano, en el Ritual de Exequias, en el oficio de difuntos de la Liturgia de las Horas. Todos esos textos están llenos de luz doctrinal, de belleza orante y también de alegría en la fe y la esperanza, siempre fieles a la norma del Apóstol:

«no queremos, hermanos, que ignoréis lo tocante a la muerte, para que no os aflijáis como aquellos que carecen de esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios por Jesús tomará consigo a los que se durmieron en Él» (1Tes 4,13-14).

 

Transcribo a modo de ejemplo un texto de San Braulio de Zaragoza (590-651), gran escritor y Obispo (Carta 19, Litg. Horas, oficio de difuntos).

Cristo, esperanza de todos los creyentes, llama durmientes, no muertos, a los que salen de este mundo, ya que dice: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido, [pero yo voy a despertarlo]» (Jn 11,11). [Cementerio, del griego koimetérion, significa dormitorio]. Y el apóstol San Pablo quiere que no nos entristezcamos por la suerte de los difuntos, pues nuestra fe nos enseña que todos los que creen en Cristo, según afirma en el Evangelio, «no morirán para siempre» [Jn11,26]. Por la fe, en efecto, sabemos que ni Cristo murió para siempre, ni nosotros tampoco moriremos para siempre. «Pues él mismo, el Señor, a la voz del arcángel y al sonido de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán» (1Tes 4,16).

Así, pues, debe sostenernos esta esperanza de la resurrección, pues los que hemos perdido en este mundo, los volveremos a encontrar en el otro. Es suficiente que creamos en Cristo de verdad, es decir, obedeciendo sus mandatos, ya que es más fácil para él resucitar a los muertos que para nosotros despertar a los que duermen. Mas he aquí que, por una parte, afirmamos esta creencia y, por otra, no sé por qué profundo sentimiento, nos refugiamos en las lágrimas, y el deseo de nuestra sensibilidad hace vacilar la fe de nuestro espíritu. ¡Oh miserable condición humana y vanidad de toda nuestra vida sin Cristo!

¡Oh muerte, que separas a los que estaban unidos y, cruel e insensible, desunes a los que unía la amistad! Tu poder ha sido ya quebrantado. Ya ha sido roto tu cruel yugo por aquel que te amenazaba por boca del profeta Oseas: «¡Oh muerte, yo seré tu muerte!» [13,14]. Por esto podemos apostrofarte con las palabras del Apóstol: «¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?» [1Cor 15,55].

El mismo que te ha vencido a ti nos ha redimido a nosotros, entregando su vida en poder de los impíos para convertir a estos impíos en amigos suyos. Son ciertamente muy abundantes y variadas las enseñanzas que podemos tomar de las Escrituras santas para nuestro consuelo. Pero bástanos ahora la esperanza de la resurrección y la contemplación de la gloria de nuestro Redentor, en quien nosotros, por la fe, nos consideramos ya resucitados, pues, como afirma el Apóstol: «Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él»  [Rm 6,8].

No nos pertenecemos, pues, a nosotros mismos, sino a aquel que nos redimió, de cuya voluntad debe estar siempre pendiente la nuestra, tal como decimos en la oración: «hágase tu voluntad». Por eso, ante la muerte, hemos de decir como Job: «El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor»  [Job 1,21] Repitamos, pues, ahora estas palabras de Job y así, siendo iguales a él en este mundo, alcanzaremos después, en el otro, un premio semejante al suyo.

 

—En la Liturgia de las Horas

En las Horas litúrgicas –en los salmos, en el Oficio de lecturas– se alude con frecuencia a la muerte, siempre a la luz de la fe, la esperanza y la caridad hacia los difuntos. Pero señalaré únicamente que la última de las Preces de Vísperas es una intercesión por los difuntos. De este modo, la Iglesia nos estimula con la gracia divina a recordarlos cada día piadosamente al menos en la Misa y en el rezo de las Vísperas.

Tú que abriste las puertas del paraíso al ladrón arrepentido, que te reconoció como salvador, ábrelas también para nuestros difuntos (Viernes IIIª semana).

 

—Completas es un ensayo diario de la propia muerte

Bien podemos decir que todos los días, al anochecer, el rezo de Completas está dispuesto por la Liturgia de la Iglesia como un acto sacramental de preparación para nuestra muerte, celebrándola anticipadamente.

Bajo el amparo del Altísimo…La noche, en contraposición a la vigilia,deja al hombre inerme, sin conciencia ni voluntad, en la hora de las tinieblas. Por eso en Completas se suplica con especial insistencia la protección de Dios y de sus ángeles (salmo 90: «tú que habitas al amparo del Altísimo»; salmo 15: «protégeme, Dios mío, que me refugio en ti»), y la guarda de la Virgen María («bajo tu amparo nos acogemos»).

Tú estás en medio de nosotros, Señor; tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor, Dios nuestro (Jer 14,9: lectura breve viernes).

Pedimos ser guardados contra el diablo llegados por la noche a la hora de las tinieblas:

No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis resquicio al diablo (Ef 4,26-27).

Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar; resistidle firmes en la fe (1Pe 5,8-9)

Oración. Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros» (I Vísp. de solemnidades).

Algunos Himnos relacionan sueño y muerte.

El sueño, hermano de la muerte – a su descanso nos convida. –Guárdanos tú, Señor de suerte – que despertemos a la vida.

Responsorio breve. Este dato es el más definitivo: Completas pone en nuestro corazón y en nuestros labios las palabras de Cristo al morir:

R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. *A tus manos. V/ Tú, el Dios leal, nos librarás. –Encomiendo. Gloria al Padre. *A tus manos.

Y ese salmo que se alude en el responsorio, el 30, lo rezamos entero en las Completas del miércoles: «A ti, Señor, me acojo… A tus manos encomiendo mi espíritu».

Canto evangélico de Simeón. El rezo del Nunc dimittis viene en nuestra ayuda para suscitar en nosotros los mismos sentimientos que tuvo Simeón al tomar de María en sus brazos al niño Jesús: ya me puedo morir. En efecto, «le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor» (Lc 2,26):

Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. –Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: –luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. Gloria.

La antífona que prepara y termina este precioso himno, aludiendo al sueño, lo entiende también como una figura de la muerte:

Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz [requiescant in pace].

La oración del viernes en Completas relaciona nuestro sueño con el sepulcro de Cristo  y su resurrección:

Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, le imitemos también resucitando a una vida nueva.

La conclusión de Completas, finalmente, significa con toda claridad el sentido principal de la Hora:

El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

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Nuevo libro: el Anticristo y el juicio final de San Vicente Ferrer

Pues cuando esto vieren los cristianos, podrán decir con certeza: “Ved el estado de la dignidad eclesiástica puesto en ruina y destrucción”. Sin embargo, Dios no querrá aún desamparar a la Iglesia, porque la nave de san Pedro puede peligrar, pero no puede ser hundida. Pues el vano Papa será entronizado, o puesto en silla con el dicho príncipe mayor, de tal manera que no quedará eclesiástico sin despojar de su beneficio. Esto querrá Dios permitir para que sean purgados los hijos de Leví de su maldad, los cuales de su grado y voluntad nunca quisieron hacer enmienda de sus delitos.

***

Y será todo este mal extendido de la parte de Aquilón, quiere decir Alemania, como se muestra en Jeremías, capítulo primero, por estas palabras: “Ab Aquilone pendentur omne malum[1], etc. Por lo cual, la razón y la ira de Dios allí descenderá sobre la Iglesia, que las oraciones de los santos más le provocarán a saña que a misericordia, según se muestra en el siguiente capítulo por estas palabras: “Cum clamaverint ad me voce magna non exaudiam eos[2] etc., que quiere decir: “cuando llamaren a mí con voz muy grande, no los oiré”. En tal manera que cuantos santos en el mundo fueron no podrán deshacer una sola gota de la ira de Dios, hasta que el santuario sea purificado, como se demuestra en el siguiente capítulo de Ezequiel por estas palabras: “Et clamavit in auribus meis voce magna, dicens: Apropinquaverunt visitationes urbis, et unusquisque vas interfectionis habet in manu. Et ecce sex viri veniebant de via porte que respicit ad Aquilonem[3]. Es la sentencia de dicha autoridad: “Y llamo en mis oídos con gran voz, diciendo: llegaron las visitas de la ciudad, y cada cual tenía un vaso de muerte en su mano. Y cada seis varones venían del camino de la puerta de arroba que mira hacia Aquilón”. Quiere decir, de la parte de Alemania, porque todos traerán en sus manos el vaso de la muerte.

***

Nos queda por ver quién es aquél varón vestido de paños blancos que tenía un saco de escriba colgado de las cinturas o del cinto, el cual señaló con el signo Tau a cuantos lloraban, y estaban tristes. Este varón será el verdadero Papa a quien perseguirá el Anticristo; y estará vestido de blanco por dos motivos pues, por un lado, la blancura significa su vejez, pues será muy anciano, siendo sus cabellos y su carne de ese color. Por otro lo segundo tendrá gran castidad, pues será virgen, ya que el color blanco se compara a esta virtud. Pues así, por ser anciano y casto, estará vestido con telas blancas, y traerá su saco de escriba que significa la potestad eclesiástica, potestad que tendrá dicho Papa y no otro, mientras viviere. El saco de escriba estará colgado de sus cinturas o de su cinto pues esto significa su buena conciencia, al ser elegido como Papa verdadero. Y para que se entienda mejor cómo su saco de escriba significa la potestad eclesiástica, allí, en su zurrón, encierra también cuatro cosas, a saber: las tijeras, el cuchillo el punzón, y las plumas; y en el tintero se ponen dos cosas: algodón y tintas.

***

Pues la segunda profecía ya está aquí declarada, la que trata toda de la caída de la dignidad eclesiástica. Y cuando viereis cumplir su sentencia, se podrá bien decir que está ya muy cerca del fin del mundo. Aquí pues ahora quien tiene ciencia entienda que no pongo ni determino tiempo algunoni aún nombro príncipes, ni el ídolo, ni al verdadero Papa: empero quien tiene oídos para oír oiga y considere sólo las autoridades; porque a éstas hay que creer y mandan escribir sobre aquel Anticristo oculto que nacerá de la manera que yo arriba he declarado (extractos).


Presentación

Hace varios años, con la idea de leer lo que los santos habían dicho acerca del fin de los tiempos, comenzamos a buscar, por referencias, la obra de San Vicente Ferrer, “el ángel del Apocalipsis”. Por entonces, nuestras indagaciones fueron inútiles.

Sólo con el tiempo llegó hasta nuestras manos este manuscrito (aún nunca publicado en castellano actual), en el cual, con prolija letra gótica y en un castellano abreviado del siglo XVI, pudimos leer con gran fruición las predicaciones ad populum que el santo valenciano prodigaba a principios del siglo XV.

La grafía gótica y la escritura abreviada y manuscrita, sumado a los quinientos años que nos separan del texto, hacían que estos sermones se encontraran casi inaccesibles para el público en general[4]. Fue esto lo que nos decidió a ponernos manos a la obra hasta presentar ahora el trabajo que tiene el lector entre manos.

¿De qué se trata pues este texto? Pues de los sermones que el santo valenciano predicó acerca del fin de los tiempos y la venida del Anticristo.

Vale tener en cuenta que, acerca de su autenticidad, la crítica moderna los tiene por válidos aunque no por autógrafos[5], como claramente surge del texto que aquí presentamos; la doctrina, sin embargo, es claramente del santo[6].

En cuanto al trabajo, además de la breve reseña biográfica, hemos procurado la adaptación al castellano actual, colocando algunas breves notas a pie de página y uniformando las citas bíblicas que el santo menciona.

P. Dr. Javier Olivera Ravasi

28 de Enero de 2017, memoria de Santo Tomás de Aquino

El libro, en versión digital por ahora, puede adquirirse aquí


[1] “Et dixit Dominus ad me: Ab aquilone pandetur malum super omnes habitatores terræ” (Jer 1,14).

[2] “Ergo et ego faciam in furore: non parcet oculus meus, nec miserebor: et cum clamaverint ad aures meas voce magna non exaudiam eos” (Ez 8,18).

[3] “Et clamavit in auribus meis voce magna, dicens: Appropinquaverunt visitationes urbis, et unusquisque vas interfectionis habet in manu sua. Et ecce sex viri veniebant de via portae superioris quae respicit ad Aquilonem” (Ez 1,1-2).

[4] Algo publicó la editorial EUNSA, pero el texto que ahora presentamos corresponde a otro manuscrito y es completo, a diferencia del señalado (cfr. Francoise Gilbert, Libro del Anticristo. Declaración del sermón de San Vicente, EUNSA, Navarra 1999, 220 pp.). 

[5] Sigismund Brettle, O. M. C, San Vicente Ferrer und sein literarischer Nachlass, Münster in Westf., Aschendorffschen Verlagsbuchhandlung, 1924, 78. Los estudios más recientes y completos sobre este tema son los de P. M. Cátedra, «La predicación castellana de San Vicente Ferrer», Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, 39, 1983-1984, pp. 235-309 y, con nuevas e interesantes aportaciones, Sermón, sociedad y literatura en la Edad Media. San Vicente de Ferrer en Castilla (1411-1412), Salamanca, Junta de Castilla y León, 1994.

[6] Como puede verse en la carta acerca de Anticristo que el santo escribió en 1412 a Pedro de Luna (el anti-papa Benedicto XIII).

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26 de febrero.

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Homilía para el VIII domingo durante el año A

Jesús nos compara con las aves del cielo y las flores silvestres. Ciertamente tenemos mucho en común con ellas. Nosotros pertenecemos al mismo mundo biológico o animal. Pero hay algo que los pájaros y las flores no tienen y que que nosotros sí tenemos, es nuestra capacidad de expresar nuestras necesidades en palabras. Cuando la necesidad se expresa en palabras, esta ya no es sólo una necesidad, se convirte en un deseo, demanda, petición -. Cualquier cosa que establece una presencia, una relación y, finalmente, se abre al amor. Cuando, como ser humano, quiero expresar a alguien un deseo, no sólo pido algo, sino que ‘pido a alguien algo’. Le pregunto a alguien para satisfacer mis necesidades. Le pido que me ame (con amor esponsal, amical, familiar, de servicio, etc.) lo suficiente para mostrarme su afecto y satisfacer mi necesidad.

Entonces, podemos percibir la profundidad del mensaje del profeta Isaías cuando se compara la atención que Dios nos presta con el afecto de una madre. “Incluso si una madre pudiera olvidar al hijo de sus entrañas, yo no te olvidaré”, dice Dios en Jerusalén.

Y en el Evangelio, Jesús también compara a Dios con un Padre que sabe todo lo que necesitamos. Así que no tenemos que tener ninguna preocupación por cómo se satisfarán nuestras necesidades. La esencia del mensaje de Jesús en este texto es que no debemos preocuparnos. Obviamente Jesús no se opone a que expresemos nuestras necesidades a nuestro Padre. En cambio, se nos invita a hacerlo expresamente. Pero no deja de repetir: “No se hagan problemas”.

Una vez más, Jesús habla aquí de desprendimiento, lo que debería ser el sello distintivo de todo cristiano. Sus palabras se hacen eco de las bienaventuranzas, en especial las de la felicidad prometida a los pobres. Todos realmente deberíamos tener libertad para entrar en el reino, es por esto que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino, porque la riqueza es preocupación y esclavitud.

No podemos buscar el reino – no podemos vivir en una unión constante y consciente con Dios, si estamos demasiado preocupados por nuestras necesidades. Y no sólo por nuestras necesidades materiales, el sufrimiento intenso o el hambre no se puede ocultar, por supuesto. Pero podemos llevar daños morales o psicológicos que pueden envenenar nuestras vidas, y la de otros, durante años, antes de que nos demos cuenta. Si no los reconocemos como lo que son, pueden limitar seriamente nuestra capacidad para relacionarnos con nuestros hermanos, y también con Dios. Expresando estas necesidades a Dios es la mejor manera de reconciliarse con ellas.

Y esto se debe a la relación entre la persona que tiene una necesidad y a quien ella expresa su deseo para que responda con una relación de amor, Jesús nos dice que hay un antagonismo total entre Dios, a quién Él llama Abba y el dinero que le dio el nombre de Mammon. El amor es celoso, y no podemos mantener estos dos amantes, o servir a dos señores.

El profeta Ezequiel también expresa esto de una manera vívida cuando reprocha a Israel el buscar seguridad en alianzas humanas más que en Dios. “Mi pueblo ha cometido dos pecados, dice el Señor: él abandonó la fuente de aguas vivas, y ha cavado aljibes, cisternas rotas que no retienen el agua”.

Si paseamos por el jardín de nuestro corazón y nuestra vida, vamos a encontrar probablemente muchas de estas cisternas rotas que cavamos en los últimos años para protegernos contra cualquier posible necesidad. Si permitimos que estos tanques se sequen por completo, seremos entonces regados por la ternura de Dios que nunca nos fallará.

Confiamos en la intercesión de María, nuestra Madre, que ella nos enseñe a confiar en Dios, en pedir que él sólo satisfaga nuestra necesidad. Pidamosle servir a un sólo Señor y acerquémonos como pobres y necesitados al altar que nos ofrece el Pan de Vida eterna y el agua para que nunca más tengamos sed.

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Sodoma y Gomorra

Resultado de imagen de lugar de gomorra en mar muertoLa historia de Sodoma y Gomorra fue considerada por mucho tiempo como una leyenda. Los críticos suponían que fue creada para comunicar principios morales. Sin embargo, a lo largo de la Biblia esta historia es tratada como un suceso histórico.

Los profetas del Antiguo Testamento se refieren a la destrucción de Sodoma en varias ocasiones (Deuteronomio 29:23; Isaías 13:19; Jeremías 49:18), y estas ciudades juegan un papel clave en las enseñanzas de Jesús y los apóstoles (Mateo 10:15; 2 Pedro 2:6 y Judas 1:7).

¿Qué ha encontrado la arqueología para establecer la existencia de estas ciudades? Los arqueólogos han buscado en la zona del Mar Muerto durante muchos años tratando de encontrar las ciudades de Sodoma y Gomorra. Génesis 14:3 da su ubicación, en el valle de Sidim, conocido como el Mar Salado, otro nombre para el Mar Muerto. Del lado este, seis lechos de ríos secos fluyen hacia el Mar Muerto. A lo largo de cinco de estos lechos secos se descubrieron ciudades. La que está más al norte se llama Bab edh-Drha.

En 1924, el renombrado arqueólogo, el Dr. William Albright, excavó en este sitio en busca de Sodoma y Gomorra. Descubrió que era una ciudad fuertemente fortificada. Si bien relacionó esta ciudad con una de las "ciudades de la llanura" bíblicas, no pudo encontrar evidencia concluyente que justificara esta suposición.


Resultado de imagen de tall el hammamSe hicieron más excavaciones en 1965, 1967 y 1973. Los arqueólogos descubrieron un muro de 60 cm. de ancho alrededor de la ciudad, junto con numerosas casas y un gran templo. Fuera de la ciudad había grandes sitios de sepultura donde se desenterraron miles de esqueletos. Esto reveló que la ciudad había estado bien poblada durante la baja Edad de Bronce, alrededor del tiempo en que habría vivido Abraham.

Lo más intrigante fue evidencia de un gigantesco incendio que había destruido la ciudad. Yacía sepultada bajo un manto de cenizas de más de un metro de altura. Un cementerio a un kilómetro de distancia de la ciudad contenía restos carbonizados de techos, postes y ladrillos enrojecidos por el calor.

El Dr. Bryant Wood, al describir estas sepulturas, dijo que un fuego comenzó en los techos de estos edificios. Luego los techos se derrumbaron y cayeron hacia el interior y se difundió el fuego dentro del edificio. Esto ocurrió en el caso de cada casa excavada. Una destrucción tan enorme por fuego coincidiría con el relato bíblico de que la ciudad fue destruida por fuego que cayó del cielo. Wood dice: "La evidencia sugeriría que este sitio de Bab edh-Drha es la ciudad bíblica de Sodoma".

Se mencionan cinco ciudades de la llanura en Génesis 14: Sodoma, Gomorra, Adma, Zoar y Zeboim. Los restos de estas otras cuatro ciudades también se encuentran a lo largo del Mar Muerto. Siguiendo un camino sur desde Bab edh-Drha hay una ciudad llamada Numeria. Siguiendo hacia el sur está la ciudad llamada es-Safi. Más al sur están las antiguas ciudades de Feifa y Khanazir. Los estudios en estas ciudades revelaron que fueron abandonadas al mismo tiempo, alrededor de 2450-2350 a.C. Muchos arqueólogos creen que, si Bab ed-Drha es Sodoma, Numeria es Gomorra, y es-Safi es Zoar.

Lo que fascinó a los arqueólogos es que estas ciudades estuvieron cubiertas por las mismas cenizas que Bab ed-Drha. Numeria, que se considera que es Gomorra, tenía más de dos metros de ceniza en algunos lugares. En casa una de las ciudades destruidas los depósitos de ceniza convirtieron al suelo en un carbón esponjoso, lo que hizo que fuera imposible la reconstrucción. Según la Biblia, cuatro de las cinco ciudades fueron destruidas, permitiendo que Lot huyera hacia Zoar. Zoar no fue destruida por el fuego, pero fue abandonada durante este período.

Si bien los arqueólogos aun cuestionan estos hallazgos, este es un descubrimiento acerca del cual oiremos más en los próximos años.

Pat Zukeran

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El día del Señor: Domingo 8º del T.O. (A)

“Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado”. Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo  de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Estas palabras que acabamos de escuchar en la Primera Lectura nos recuerdan el cuidado que Dios tiene de sus criaturas.
La seguridad de que somos hijos de Dios lleva al cristiano a sentirse protegido en medio de los acontecimientos de su vivir diario. “No lo olvidéis –dice San Josemaría-, el que no se sabe hijo de Dios, desconoce su verdad más íntima, y carece en su actuación del dominio y señorío propio de los que aman al Señor por encima de todas las cosas”.
“Descansa sólo en Dios, alma mía”, reza el Salmo Responsorial. Quiere el Señor que vivamos con la confianza que Él tenía en el Padre, que sólo se podría comparar con la de un niño pequeño con sus padres. Jesús llamaba a Dios Abba, una palabra que, según la costumbre hebrea utilizaría en su más tierna edad para referirse a San José, pero que siguió empleándola siempre, contra toda costumbre, para dirigirse a su Padre celestial.

Ante Dios Creador del Universo debemos vernos como un niño de pocos meses. Es un logro difícil pero no imposible si contamos con la ayuda de lo Alto. Si muriera ese niño que todos llevamos dentro, nos volveríamos escépticos, críticos, calculadores, perderíamos el sentido del humor, el juego, la confianza… Una reserva importante, casi indispensable, para afrontar los desafíos que, como cristianos, se nos presentan en la vida adulta.
A nuestro alrededor hay familiares, amigos, conocidos, soportando un bombardeo continuo de mensajes que pueden desconcertarles y debilitar la confianza en Dios y en los demás. ¡Cuánta opinión encontrada! ¡Cuánta información interesada o veraz e inmediatamente desmentida! Sabemos lo que un comentarista político, económico, cultural, deportivo…va decir según sea el periódico o revista en que escriba. Hay clanes que se ignoran unos a otros y, si no perteneces a ellos, eres un apestado.
Es preciso que no se debilite en nosotros la esperanza, que sople sobre ese osario del desaliento, sabiendo que, como reza la antífona de la Misa de hoy, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo –dice el Señor. Dios nos ayudará a componer lo que se ha roto en mi vida, en mi familia, en mi entorno, cuando Él quiera y como Él quiera.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (Mt 6, 24-34)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.» 

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sábado, 25 de febrero de 2017

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