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domingo, 26 de marzo de 2017

La liturgia diaria meditada - Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm (Jn 4,43-54) 27/03



Lunes 27 de Marzo de 2017
IV de Cuaresma
Morado

Martirologio Romano: En Salzburgo, en Baviera, san Ruperto, obispo, que siendo originario de la región de Worms, a petición del duque Teodon se dirigió a Baviera y en la antigua ciudad de Juvavum edificó una iglesia y un monasterio, donde estuvo al frente como obispo y como abad, y desde allí difundió la fe cristiana (c. 718).  

Antífona de entrada         cf. Sal 30, 7-8
Yo confío en el Señor. Tu amor será mi gozo y mi alegría porque tú miraste mi aflicción.

Oración colecta    
Señor Dios nuestro, que renuevas al mundo por medio de tus sacramentos, concede a tu Iglesia la ayuda de los auxilios de tu gracia y no la prives de lo que necesita cada día. Por nuestro Señor Jesucristo...

Oración sobre las ofrendas      
Señor, concédenos obtener el fruto de las ofrendas que te presentamos, para que muera en nosotros el antiguo poder del pecado, y nos renovemos con tu vida divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión       cf. Ez 36, 27
Dice el Señor: “Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes”.

Oración después de la comunión
Padre, te pedimos que tus santos misterios, al alimentarnos, renueven nuestra vida cristiana, y al santificarnos, nos conduzcan a la eternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo       (Facultativa)
Padre, renueva el alma y el cuerpo de tu pueblo, y da firmeza a los buenos propósitos de quienes están atrapados por su fragilidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura         Is 65, 17-21
Lectura del libro de Isaías.
Así habla el Señor: Yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos. Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.
Palabra de Dios.

Comentario
La promesa sigue vigente: esperamos un mundo nuevo, en el que cada uno sea dueño de su trabajo y del fruto que produzca. La esperanza no es solo un deseo, ni una fantasía, es la seguridad de que Dios no puede fallar a su promesa.

Salmo 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b
R. ¡Te glorifico, Señor, porque me libraste!

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría. R.

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo, ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.

Versículo     cf. Am 5, 14
Busquen el bien y no el mal, para que tengan vida, y así el Señor estará con ustedes.

Evangelio     Jn 4, 43-54
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Jesús partió hacia Galilea. Él mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta. Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a sanar a su hijo moribundo. Jesús le dijo: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen”. El funcionario le respondió: “Señor, baja antes que mi hijo se muera”. “Vuelve a tu casa, tu hijo vive”, le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora se había sentido mejor. “Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre”, le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y entonces creyó él y toda su familia. Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.
Palabra del Señor.

Comentario
¿Cuántos hombres y mujeres han sido despreciados, maltratados, marginados, por defender la vida, por el amor a los hermanos y por la Palabra de Dios? Cuando el evangelio nos dice que nadie es profeta en su tierra, no habla de un localismo ni de una región. Esta tierra, este mundo, estos hombres, muchas veces desprecian a quienes tienen una palabra de luz en medio de la oscuridad.

Oración introductoria
Señor mío, aquí estoy para escucharte porque sé que tu palabra es espíritu y vida. Jesús mío, Tú conoces y sabes que muchas veces en mi vida pongo mi confianza en las palabras del mundo y me falta crecer en la fe para llegar a la certeza que me brindan tus palabras. Te ofrezco esta meditación por todos aquellos que no creen en la fuerza transformativa de tu palabra. Purifica los ojos de nuestra pobre razón humana con el colirio de la fe, para que podamos contemplar la realidad como Tú la ves.

Petición
Dios mío ayúdame a ser coherente y vivir de la fe. Que viva lo que creo, para evitar el error de creer como vivo.

Meditación 

Hoy volvemos a encontrar a Jesús en Caná de Galilea, donde había realizado el conocido milagro de la conversión del agua en vino. Ahora, en esta ocasión, hace un nuevo milagro: la curación del hijo de un funcionario real. 

Lo que llama la atención de este nuevo milagro es que Jesús actúa a distancia, no acude a Cafarnaúm para curar directamente al enfermo, sino que sin moverse de Caná hace posible el restablecimiento.

¿Qué sentido tiene "insistir" con Dios?
Esta es una buena pregunta, que nos hace profundizar en un aspecto muy importante de la fe: Dios nos invita a rezar con insistencia no porque no sabe qué necesitamos, o porque no nos escucha. Al contrario, Él escucha siempre y conoce todo de nosotros, con amor. En nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal fuera y dentro de nosotros, el Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos con Él al lado, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros, su misericordia y también su ayuda. Pero la lucha contra el mal es dura y larga, requiere paciencia y resistencia. 

Esto nos recuerda a todos nosotros que podemos hacer mucho bien a distancia, es decir, sin tener que hacernos presentes en el lugar donde se nos solicita nuestra generosidad. Con nuestra sincera y humilde oración podemos dar una alegría a mucha gente que está muy distante de nosotros con una llamada de teléfono, una carta o un correo electrónico.

Muchas veces nos excusamos de hacer el bien porque no tenemos posibilidades de hacernos físicamente presentes en los lugares en los que hay necesidades urgentes. Jesús no se excusó porque no estaba en Cafarnaúm, sino que obró el milagro.

La distancia no es ningún problema a la hora de ser generoso, porque la generosidad sale del corazón y traspasa todas las fronteras. Como diría san Agustín: «Quien tiene caridad en su corazón, siempre encuentra alguna cosa para dar».

Jesús nos quiere devolver la salud, como al hijo del funcionario real, y quiere liberarnos de toda esclavitud y tristeza perdonándonos todas nuestras faltas. Si tenemos fe, si queremos que de verdad nos cure, debemos acercarnos confiadamente para que nos llene de su gracia. Por esto, cada vez que nos disponemos a recibirle en la Eucaristía le decimos una breve oración que nos hace más humildes, "Señor, no soy digno que entres a mi casa, pero sé que basta una palabra tuya para sanarme".

La vida diaria nos presenta un reto muy grande que consiste en vivir desde la fe, en creer plenamente en Cristo. El Evangelio nos ofrece una clave preciosa para dirigir nuestras acciones cotidianas, para convertirnos en apóstoles verdaderos de Cristo y obtener la vida. "Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino". La palabra de Cristo se convierte en transformativa cuando el hombre la acepta, se convierte, se pone en camino y así puede llegar a la vida. Vida que no sólo es física, sino vida espiritual y eterna. 

Los cristianos, como apóstoles y seguidores de Cristo, estamos llamados a ser testimonios coherentes de vida. Por ello no se puede separar la fe de la vida y, en consecuencia, las acciones del apóstol de Cristo siguen la moral cristiana. Por ello los mayores apóstoles de todos los tiempos han sido, no los hombres buenos, sino los hombres santos. Aquellos que hablaban "de Cristo" pero porque habían hablado primero "con Cristo". Aquellos que habían hecho primero un encuentro profundo con la Palabra que cambió radicalmente su vida.

Propósito
Procuraré hacer una reflexión evangélica con toda mi familia.

Diálogo con Cristo
Jesús, Tú eres la Palabra del Padre que has venido al mundo para darme la vida y salvarme. Sé que Tú puedes transformarme pero quieres que yo libremente te acepte. Ayúdame para que crea y tenga vida y pueda mi experiencia de encuentro contigo a toda mi familia.

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El mejor momento de una conferencia es el que dice el gato


Al día siguiente, llegué a León invitado por varios neocatecumentales. Cuando acabé la conferencia (que trató de las siete copas de la ira del Apocalipsis) y di paso a las preguntas, una señora a la que no se le pasó el micrófono, comenzó a gritar enfadada: Esta conferencia se podría haber dado en la Edad Media. Ha sido una conferencia medieval. Todo el rato repetía eso. 

No me conocía, porque a un filomedievalista como yo tales comentarios no me ofendían para nada, más bien al revés.
Después, esa señora comenzó a decir que dónde estaba el Dios Amor del Evangelio y lugares comunes de ese tipo. Dejé que se desfogara.


Pero al cabo de un rato, le dije: Muy bien, ya ha manifestado su opinión. Ahora déjeme contestarle. Y eso que no había hecho ninguna pregunta, salvo que el enfado cuente como una pregunta. Al cabo de unos instantes más, me di cuenta de que esa señora estaba fuera de sí y que iba a estar interrumpiendo todo el rato. Así que le dije: Señora, si no me deja responderle, voy a pedir que le saquen fuera de la sala

La señora siguió gritando sin ninguna intención de parar. Así que sin alterarme lo más mínimo, con frialdad, le indiqué al organizador que la sacaran fuera. Fue uno de esos momentos en que sentí un placer especial. Por un momento supe qué sentía Al Capone cuando ordenaba: Sacadlo de aquí, chicos. Ah, y manifestadle mi agradecimiento personal por haber venido.

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Santo de hoy - Ruperto, Santo Obispo de Salzburgo (+718 dC) - 27/03



Martirologio Romano: En Salzburgo, en Baviera, san Ruperto, obispo, que siendo originario de la región de Worms, a petición del duque Teodon se dirigió a Baviera y en la antigua ciudad de Juvavum edificó una iglesia y un monasterio, donde estuvo al frente como obispo y como abad, y desde allí difundió la fe cristiana (c. 718). 

Etimológicamente: Ruperto = Aquel hombre de fama brillante, es de origen germano.
Obispo de Salzburgo, la hermosa ciudad austríaca, cuya fama está unida a la de su hijo más ilustre, Wolfgang Amadeus Mozart, se llama así porque cerca se encuentran unas minas de sal. De ahí viene el nombre de Salzburgo, que significa “ciudad de la sal”.

Su primer obispo y patrono principal, san Ruperto, aparece en los cuadros con un salero en la mano (o con un barril, lleno precisamente de sal y no de vino, como creen algunos estudiosos no bien informados). Es el único santo local festejado, no sólo en las regiones de idioma alemán, sino también en Irlanda: en realidad, también él fue un típico representante de los “monjes irlandeses” itinerantes.

San Ruperto descendía de los robertinos o rupertinos, una importante familia que dominaba con el título de conde en la región del medio y alto Rin. De esta familia nació también otro san Ruperto (o Roberto), de Bingen, cuya vida fue escrita por santa Ildegarda. Los robertinos estaban emparentados con los carolingios y tenían su centro de actividades en Worms. Aquí recibió san Ruperto su formación de timbre monástico irlandés. Hacia el 700, como sus maestros, se sintió llevado a la predicación y al testimonio monástico itinerante y por eso viajó a Baviera, obteniendo buenos resultados en Regensburg y en Lorch. Con la ayuda de Teodoro de Baviera fundó, cerca de Salzburgo, en lo que hoy es Seekirchen, una iglesia dedicada a san Pedro. Pero el lugar no parecía apropiado para los proyectos de san Ruperto, y entonces pidió al conde otro territorio, a orillas del río Salzach, cerca de la antigua y decadente ciudad romana de Juvavum.

El monasterio que construyó allí, dedicado también a san Pedro, es el más antiguo de Austria y el núcleo de la nueva Salzburgo. Su desarrollo se debió a la obra de los doce colaboradores que san Ruperto llevó allí de su tierra natal: entre ellos Cunialdo y Gislero, venerados como santos. No lejos del monasterio de san Pedro, surgió también un monasterio femenino, cuya dirección fue confiada a la abadesa Erentrude, sobrina de Ruperto.

Este grupito de valientes fue el que hizo surgir la nueva Salzburgo, que con razón considera a Ruperto como su refundador: “Su figura demuestra cómo una personalidad llena de fuerza y de sensibilidad, ahondando las raíces en las profundidades del espíritu cristiano, puede impedir con inteligencia y sin límites geográficos cualquier decadencia tanto interior como exterior” (J. Henning). San Ruperto murió el 27 de marzo del 718, día de Pascua. Sus reliquias se conservan en la magnífica catedral de Salzburgo, edificada en el siglo XVII.

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Oficio de Lectura - Cristo, sumo sacerdote, es propiciación por nuestros pecados - Orígenes, presbítero (+254 dC)



OFICIO DE LECTURA - LUNES DE LA SEMANA IV - TIEMPO DE CUARESMA
Del Propio del Tiempo. Salterio IV. 

SEGUNDA LECTURA

De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el Levítico
(Homilía 9, 5. 10: PG 12, 515. 523)

CRISTO, SUMO SACERDOTE, ES PROPICIACIÓN POR NUESTROS PECADOS

Una vez al año, el sumo sacerdote, dejando afuera al pueblo, entraba en el lugar donde se hallaban el propiciatorio, los querubines, el arca de la alianza y el altar de los aromas; lugar donde sólo al sumo sacerdote le estaba permitido entrar.

Pero fijémonos en nuestro verdadero sumo sacerdote, el Señor Jesucristo. Él, habiendo tomado la naturaleza humana, estaba con el pueblo todo el año, aquel año, a saber, del cual dice él mismo: Me envió a evangelizar a los pobres y a proclamar el año de gracia del Señor. Y, una vez durante este año, el día de la expiación, entró en el santuario, es decir, cuando, cumplida su misión, penetró en los cielos, entró a la presencia del Padre, para hacerle propicio al género humano y para interceder en favor de todos los que creen en él.

El apóstol Juan, conocedor de esta propiciación que nos reconcilia con el Padre, dice: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados.

También Pablo alude a esta propiciación, cuando afirma de Cristo: A quien Dios ha propuesto como instrumento de propiciación, por su propia sangre y mediante la fe. Por lo tanto, el día de nuestra propiciación continúa hasta el fin del mundo.

Dice la palabra de Dios: Pondrá el incienso sobre las brasas delante del Señor, para que el humo del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el documento de la alianza, y así él no muera. Después tomará sangre del novillo y rociará con el dedo el lado oriental de la placa o propiciatorio.

Este texto nos recuerda el modo como en el antiguo Testamento se celebraba el rito de la propiciación ante Dios; pero tú que has venido a Cristo, verdadero sumo sacerdote, que con su sangre te hizo a Dios propicio y te reconcilió con el Padre, trasciende con tu mirada la sangre de las antiguas víctimas y considera más bien la sangre de aquel que es la Palabra, escuchando lo que él mismo te dice: Ésta es mi sangre, que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados.

El hecho de rociar el lado oriental tiene también su significado. De oriente nos viene la propiciación, pues de allí procede el varón cuyo nombre es Oriente, el que ha sido constituido mediador entre Dios y los hombres. Ello te invita a que mires siempre hacia oriente, de donde sale para ti el sol de justicia, de donde te nace continuamente la luz, para que no camines nunca en tinieblas, ni te sorprenda en tinieblas aquel día último; para que no se apodere de ti la noche y oscuridad de la ignorancia, sino que vivas siempre en la luz de la sabiduría, en el pleno día de la fe, bajo la luz de la caridad y de la paz.

RESPONSORIO    Cf. Hb 6, 19. 20; cf. 7, 2. 3

R. Jesús, el Cordero sin mancha, penetró hasta el interior del santuario, como precursor nuestro, * constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
V. Él es el rey de justicia, cuya vida no tiene fin.
R. Constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios nuestro, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, haz que tu Iglesia progrese por la celebración de estos sacramentos de vida eterna y no permitas que le falten nunca los auxilios necesarios para su vida terrena. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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Oficio de lecturas - Lunes de la Semana IV - Tiempo de Cuaresma



OFICIO DE LECTURA - LUNES DE LA SEMANA IV - TIEMPO DE CUARESMA
Propio del Tiempo. Salterio IV

Himno: ESTE LARGO MARTIRIO DE LA VIDA

Este largo martirio de la vida,
la fe tan viva y la esperanza muerta,
el alma desvelada y tan despierta
al dolor, y al consuelo tan dormida;

esta perpetua ausencia y despedida,
entrar el mal, cerrar tras sí la puerta,
con diligencia y gana descubierta
de que el bien no halle entrada ni salida;

ser los alivios más sangrientos lazos
y riendas libres de los desconciertos,
efectos son, Señor, de mis pecados,

de que me han de librar esos tus brazos
que para recibirme están abiertos
y por no castigarme están clavados. Amén.

V. Convertíos y creed la Buena Noticia.
R. Porque está cerca el reino de Dios. 

PRIMERA LECTURA

Año I

De la carta a los Hebreos 7, 11-28

EL SACERDOCIO ETERNO DE CRISTO

Hermanos: Si la perfección hubiese venido por el sacerdocio levítico (pues en él se fundaba la legislación del pueblo), ¿qué necesidad había de suscitar otro sacerdote según el rito de Melquisedec, y no según el rito de Aarón?

Cambiado el sacerdocio, necesariamente se cambió también la ley. Pues bien, aquel de quien dice estas cosas la Escritura pertenece a una tribu distinta de la de Leví, y de ella nadie se consagró nunca al altar. Todo el mundo sabe que nuestro Señor nació de la tribu de Judá, de la que nada dijo Moisés referente al sacerdocio.

Y esta sustitución de la leyes todavía más evidente si surge otro sacerdote según el rito de Melquisedec, que ha sido constituido tal, no por una ley de prescripción carnal, sino por el poder de una vida indestructible. Así Dios afirma de él: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.»

Y, así, queda abrogada la ordenación anterior por razón de su ineficacia e inutilidad, pues la ley no llevó nada a su perfección, ya que no era más que una introducción a una esperanza mejor, por la cual nos acercamos a Dios.

Y este sacerdote no fue constituido sin juramento por parte de Dios. Aquéllos lo fueron sin juramento, pero éste fue constituido con juramento, pronunciado por aquel que le dijo: «Juró el Señor y no se arrepentirá: tú eres sacerdote para siempre.» Así, Jesús se hace fiador de una alianza mucho más excelente que la primera. Y mientras aquéllos fueron constituidos sacerdotes en gran número, porque la muerte les impedía perdurar en su sacerdocio, éste, como permanece para siempre, tiene un sacerdocio eterno. De aquí que tiene poder para llevar a la salvación definitiva a cuantos por él se vayan acercando a Dios, porque vive para siempre para interceder por ellos.

Y tal era precisamente el sumo sacerdote que nos convenía: santo, sin maldad, sin mancha, excluido del número de los pecadores y exaltado más alto que los cielos. No tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer víctimas cada día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo una vez por todas, ofreciéndose a sí mismo. Y es que la ley constituyó sumos sacerdotes a hombres sometidos a fragilidad; en cambio, la palabra de aquel juramento posterior a la ley constituyó al Hijo sumo sacerdote perfecto para siempre.

RESPONSORIO    Hb 5, 5. 6; 7, 20. 21

R. Cristo no se dio a sí mismo la gloria del sumo sacerdocio, sino que la recibió de aquel que le dijo: * «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.»
V. Los sacerdotes de la antigua ley fueron constituidos sin juramento, pero Jesús fue constituido con juramento, pronunciado por aquel que le dijo:
R. «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.»

Año II


Del libro del Levítico 16, 2-28

EL DÍA DE LA EXPIACIÓN

En aquellos días, ordenó Dios a Moisés lo siguiente:

«Di a tu hermano Aarón que no entre en cualquier ocasión a la parte del santuario que está detrás del velo, ante el propiciatorio que está sobre el arca, no sea que muera ante mí, pues yo me hago visible en forma de nube sobre la cubierta del arca.

Éste es el rito que seguirá Aarón para entrar en el santuario: Tomará un novillo para el sacrificio expiatorio y un carnero para el holocausto. Se vestirá la túnica sagrada de lino y calzón igualmente de lino, se ceñirá una banda de lino y se pondrá una tiara de lino. Éstas son las vestiduras sagradas que se pondrá después de haberse bañado. Además recibirá de la asamblea de los israelitas dos machos cabríos para el sacrificio expiatorio y un carnero para el holocausto.

Después que Aarón haya ofrecido su novillo, en sacrificio por su propio pecado, y que haya hecho el rito de expiación, por sí mismo y por su casa, tomará los dos machos cabríos y los presentará ante el Señor a la entrada de la Tienda de Reunión. Echará la suerte sobre ellos: uno le tocará al Señor y el otro a Azazel. Tomará el que haya tocado en suerte al Señor y lo ofrecerá en sacrificio expiatorio. El que haya tocado en suerte a Azazel lo presentará vivo ante el Señor, para hacer sobre él el rito de expiación y después lo mandará a Azazel al desierto.

Así, pues, Aarón ofrecerá primero su novillo, en sacrificio por su propio pecado, y hará el rito de expiación, por sí mismo y por su casa, e inmolará el novillo. Tomará luego un incensario, lleno de brasas tomadas del altar que está ante el Señor, y dos puñados de incienso aromático pulverizado, y llevará todo esto detrás del velo. Pondrá el incienso sobre las brasas delante del Señor, para que el humo del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el documento de la alianza, y así él no muera. Después tomará sangre del novillo y rociará con el dedo el lado oriental de la placa o propiciatorio; luego hará con el dedo otras siete aspersiones de sangre en la parte del frente del propiciatorio. En seguida inmolará el macho cabrío, destinado para el sacrificio expiatorio por el pecado del pueblo; llevará su sangre dentro del velo, y hará con ella lo mismo que hizo con la sangre del novillo: rociando el propiciatorio y su parte anterior. Así hará el rito de expiación sobre el santuario, por todas las impurezas y delitos de los hijos de Israel, por todos sus pecados.

Lo mismo hará luego con la Tienda de Reunión que se encuentra entre ellos, en medio de sus impurezas. No habrá nadie en la Tienda de Reunión, desde que entre al santuario, para hacer la expiación por sí mismo, por su casa y por toda la comunidad de Israel, hasta que salga. Cuando haya salido, irá al altar que está ante el Señor y hará sobre él el rito de expiación: tomará sangre del novillo y del macho cabrío, ungirá con ella los salientes del altar y rociará la sangre con el dedo siete veces sobre el altar. Así lo purificará y santificará de las impurezas de los hijos de Israel.

Acabada la expiación del santuario, de la Tienda de Reunión y del altar, Aarón hará traer el macho cabrío vivo. Con las dos manos puestas sobre la cabeza del macho cabrío, confesará las iniquidades y delitos de los hijos de Israel, todos sus pecados; se los echará en la cabeza al macho cabrío y, después, lo mandará al desierto, por medio de un hombre designado para ello. Así, el macho cabrío se llevará consigo todas las iniquidades de los hijos de Israel a una tierra deshabitada. El encargado lo soltará en el desierto.

Después Aarón entrará en la Tienda de Reunión, se quitará las vestiduras de lino, que se había puesto para entrar en el santuario, y las dejará allí. En seguida bañará su cuerpo en un lugar santo. Luego se pondrá sus vestiduras, volverá a salir y ofrecerá su holocausto y el holocausto del pueblo. Hará la expiación por sí mismo y por el pueblo, y dejará quemarse sobre el altar la grasa de la víctima expiatoria. El que ha llevado el macho cabrío a Azazel lavará sus vestidos, se bañará y después podrá entrar en el campamento.

Las víctimas expiatorias, el novillo y el macho cabrío, cuya sangre se introdujo en el santuario para hacer el rito de expiación, se sacarán fuera del campamento, y se quemará su piel, carne e intestinos. El encargado de quemarlos lavará sus vestidos, se bañará y después podrá entrar en el campamento.»

RESPONSORIO    Hb 9, 11. 12. 24

R. Cristo se presentó como sumo sacerdote de los bienes futuros, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, * y entró de una vez para siempre en el santuario, obteniendo para nosotros una redención eterna.
V. No entró Cristo en un santuario levantado por mano de hombre, sino en el mismo cielo.
R. y entró de una vez para siempre en el santuario, obteniendo para nosotros una redención eterna.

SEGUNDA LECTURA

De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el Levítico
(Homilía 9, 5. 10: PG 12, 515. 523)

CRISTO, SUMO SACERDOTE, ES PROPICIACIÓN POR NUESTROS PECADOS

Una vez al año, el sumo sacerdote, dejando afuera al pueblo, entraba en el lugar donde se hallaban el propiciatorio, los querubines, el arca de la alianza y el altar de los aromas; lugar donde sólo al sumo sacerdote le estaba permitido entrar.

Pero fijémonos en nuestro verdadero sumo sacerdote, el Señor Jesucristo. Él, habiendo tomado la naturaleza humana, estaba con el pueblo todo el año, aquel año, a saber, del cual dice él mismo: Me envió a evangelizar a los pobres y a proclamar el año de gracia del Señor. Y, una vez durante este año, el día de la expiación, entró en el santuario, es decir, cuando, cumplida su misión, penetró en los cielos, entró a la presencia del Padre, para hacerle propicio al género humano y para interceder en favor de todos los que creen en él.

El apóstol Juan, conocedor de esta propiciación que nos reconcilia con el Padre, dice: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados.

También Pablo alude a esta propiciación, cuando afirma de Cristo: A quien Dios ha propuesto como instrumento de propiciación, por su propia sangre y mediante la fe. Por lo tanto, el día de nuestra propiciación continúa hasta el fin del mundo.

Dice la palabra de Dios: Pondrá el incienso sobre las brasas delante del Señor, para que el humo del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el documento de la alianza, y así él no muera. Después tomará sangre del novillo y rociará con el dedo el lado oriental de la placa o propiciatorio.

Este texto nos recuerda el modo como en el antiguo Testamento se celebraba el rito de la propiciación ante Dios; pero tú que has venido a Cristo, verdadero sumo sacerdote, que con su sangre te hizo a Dios propicio y te reconcilió con el Padre, trasciende con tu mirada la sangre de las antiguas víctimas y considera más bien la sangre de aquel que es la Palabra, escuchando lo que él mismo te dice: Ésta es mi sangre, que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados.

El hecho de rociar el lado oriental tiene también su significado. De oriente nos viene la propiciación, pues de allí procede el varón cuyo nombre es Oriente, el que ha sido constituido mediador entre Dios y los hombres. Ello te invita a que mires siempre hacia oriente, de donde sale para ti el sol de justicia, de donde te nace continuamente la luz, para que no camines nunca en tinieblas, ni te sorprenda en tinieblas aquel día último; para que no se apodere de ti la noche y oscuridad de la ignorancia, sino que vivas siempre en la luz de la sabiduría, en el pleno día de la fe, bajo la luz de la caridad y de la paz.

RESPONSORIO    Cf. Hb 6, 19. 20; cf. 7, 2. 3

R. Jesús, el Cordero sin mancha, penetró hasta el interior del santuario, como precursor nuestro, * constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
V. Él es el rey de justicia, cuya vida no tiene fin.
R. Constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios nuestro, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, haz que tu Iglesia progrese por la celebración de estos sacramentos de vida eterna y no permitas que le falten nunca los auxilios necesarios para su vida terrena. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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"La fuerza del Silencio": el libro que asombra, convence y anima

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No me canso de aniamar a otros a leerlo. Así concluye el Cardenal Robert Sarah el tesoro de sus reflexiones, que pone a disposición de quienes estamos tan pobres en silencio y vida interior:

Con mis respuestas a las espléndidas preguntas de Nicolas Diat, espero haber logrado mostras en estas páginas cómo el silencio y la oración son inseparables y se fecundan mutuamente (Epílogo, pág 273).

Ha llegado el momento de revelarse contra la dictadura del ruido que intenta hacer pedazos nuestro corazón y nuestra inteligencia. Una sociedad ruidosa es un triste decorado de cartón piedra, un mundo sin consistencia, una huída inmadura. Una iglesia ruidosa acabará siendo fútil, infiel y peligrosa (Epílogo, pág. 275). 

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