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lunes, 20 de junio de 202016

El Evangelio del dia



jueves, 8 de diciembre de 2016

La travesía de Gelsomina V

En mi larga marcha hacia Belén no ocurrieron muchas cosas más. La más importante os la he contado ya y aún no me he recuperado de la emoción: ver jugar a María en lo más alto del Cielo miles de siglos antes de que el sueño del Todopoderoso se hiciera carne y sangre en la tierra, es una experiencia inolvidable.

Con el recuerdo grabado en mi corazón de estrella, volé por el espacio en silencio durante muchos siglos con la sola compañía del Ángel.



Vi luceros de todos las clases y tamaños, cometas perdidos en órbitas extravagantes, planetas de hielo y de fuego, lunas de cien colores. Pero, no, lo siento; no vi hombrecitos verdes ni naves intergalácticas. Yo sé que a muchos os encantaría que el universo estuviese bien poblado de seres inteligentes dotados de poderes tecnológicos ilimitados. Sin embargo tengo la impresión de que no es así.

No me hagáis mucho caso; yo soy solo una pequeña estrella que ni siquiera ha hecho el bachillerato. Pero cuando oigo decir que "no podemos estar solos en el cosmos porque hay miles de millones de planetas capaces de albergar la vida y evolucionar", casi me da la risa. ¿Solos? ¿Cómo vais a estar solos si os acompaña a todas horas el mismo Dios nacido en Belén y la Madre de Jesús, que es la obra maestra del Creador?

Es verdad; hay miles de millones de sonidos en el universo que podrían combinarse de mil formas aleatorias y dar lugar a acordes bellísimos o a ecos hondos y misteriosos; pero os aseguro que desde la más lejana de las galaxias hasta vuestra luna, solo hay una quinta sinfonía de Beethoven. Y aunque lanzáramos a lo más alto del cosmos todas las letras del abecedario y se multiplicaran un millón de veces con la esperanza de que la evolución las convierta en poema, jamás nacería por casualidad un segundo "cántico espiritual" como el que escribió Juan de la Cruz.

Insisto; no me hagáis mucho caso; tampoco he estudiado teología, pero pienso que vuestra tierra es una obra de arte mucho más hermosa que la mejor sinfonía. No ha nacido por azar ni evoluciona sin rumbo. El Dios Encarnado y nacido en Israel es el centro del universo. Todo lo demás es decorado, adorno, música ornamental.

Solo hay un Belén en el Cosmos. Os lo aseguro. Y yo fui su estrella. 

         Enrique Monasterio 
         https://pensarporlibre.blogspot.com.es/

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Educar para la felicidad

La felicidad es la consecuencia de preparar a los hijos para vencer en las luchas de la vida, y no el intento de que todo les resulte placentero…
En una ocasión pregunté a un chico de trece años por qué todos los cómics que llevaba terminaban en X −por ejemplo, Profesor XEquipo XArma X…−. Me miró con ojos desorbitados, extrañado de que yo no conociera la respuesta, y me explicó apresuradamente que todo lo relacionado con los mutantes se designa con una X: “Pero ya te lo explicaré más despacio, porque he quedado con mi novia y llego tarde”.
¿No estaremos precipitando los tiempos? ¿No habremos confundido autoritarismo con autoridad y estaremos dejando sin criterio a los jóvenes? Porque educar es capacitar a los hijos para la felicidad. Pero sin confusiones, pues aseguraba Ortega y Gasset, que la vida es dramática, «lucha frenética», y suele terminar en dolor llevar en una mano la infancia y en la otra la juventud.

La felicidad es la consecuencia de preparar a los hijos para vencer en las luchas de la vida, y no el intento de que todo les resulte placentero ni el resultado de una sobreprotección educativa como hacen, equivocadamente, tantos padres y madres −con el resultado de jóvenes inmaduros con poca capacidad para superar los obstáculos que se presentan en toda existencia y al construir el amor−.
Y más: educar es dotar de ideales que faciliten la pelea interior por un proyecto valioso, acompañar a los hijos en su entrenamiento y ascesis hasta que tengan fuerzas para luchar por sí mismos, y evitarles los problemas que −por su edad− los superan.
Julián Marías, también expuso en numerosas ocasiones que «la vida humana tiene argumento, porque es una realidad dramática». Y el psiquiatra español Enrique Rojas, al hablar de la vida argumental, insistirá en que necesita de una edificación sólida, fundamentada en bases firmes: «amor, trabajo, cultura y amistad».
Amor. Explica Jokin de Irala, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, que la pregunta que con más frecuencia le hacen cuando da conferencias a jóvenes sobre temas de salud y sexualidad es «cuál es la diferencia entre deseo, atracción sexual y amor». Y aconseja a los padres una herejía contracultural: «No alentar noviazgos estables precoces», así de sencillo. Es decir, que los chicos y chicas jóvenes experimenten el primer amor de una manera muy intensa es, sencillamente, maravilloso. Ahora bien, eso no quiere decir que se emparejen, porque, muchas veces, esa situación les va a causar más problemas que alegrías.
Trabajo: exigirles mucho en el estudio. Porque de esta exigencia depende, en gran medida, no solo que obtengan unos conocimientos, sino que conformen un fondo interior fuerte, maduro, capaz de superar la pereza, los caprichos y los estados de ánimo: que se hagan recios por dentro y capaces de cumplir los objetivos que se proponen.
Para Eugenio D´Ors la cultura es: «Familia, Ciencia, Derecho, Cristianismo, Gloria, Arte, Enseñanza… De esto, de nada menos que todo esto, se compone nuestra hacienda de Civilización». Y un consejo concreto: el que la semana pasada daba Carolina Pinedo en El País para que los hijos amaran la lectura: no obligarles, contarles cuentos cuando son pequeños, «predicar con el libro en la mano», y tener libros en casa.
Amistad. Hay que enseñar a los hijos para que aprendan a querer, a disfrutar con el bien de los amigos. Porque esta cuestión está muy desdibujada en la sociedad actual. Y, para ello, facilitarles que traigan a los amigos a casa, y quererles, de verdad, también nosotros.
Por último, evitar, como sea, que se hagan niños solitarios y caprichosos, porque así se dificulta mucho la amistad real.
Acaso el poema “Por si esto se alarga, hijos…” del chileno Juan Radrigán, recientemente fallecido, aclare bien la clave de educar para la felicidad: «Por si esto se alarga, / por si arriban al tiempo de los laberintos / y no puedo acompañarlos, / quiero pedirles que tomen siempre una sola decisión: luchar. / Es la única forma que conozco / de mantenerse puro».
Iván López Casanova
Cirujano General. Máster en Educación Familiar y en Bioética
Escritor: 
Pensadoras del siglo XX y El sillón de Pensar.
Fuente: forofamilia.org.

MARÍA INMACULADA

No sin intención coloca la Iglesia a María en este tiempo de Adviento. Ella, nacida sin pecado, es la digna morada de Jesús, la puerta por la que el Hijo de Dios se introduce en la Historia. El inefable amor y la limpieza de alma con que esperó a su Hijo, es un modelo de cómo debemos prepararnos para el encuentro del Señor que viene (Marialis C. 3-4).
El pecado no sólo corrompe al hombre y lo aleja de Dios, sino que lo convierte en alguien socialmente peligroso, como recuerda el Vaticano II: "las mutilaciones, las torturas morales o físicas, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes..., estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana" (GS 27). 
Sin embargo Dios no abandona al hombre y una Mujer nacerá sin esta mancha y mantendrá una enemistad perpetua con el autor del mal a quien, finalmente, le aplastarán la cabeza. Es lo que celebra hoy la Iglesia.

Purísima debía ser la que diera a luz al Salvador que quita los pecados del mundo (Prefacio). La Tradición exegética ha entendido que las palabras del ángel: "Salve, llena de gracia", hablan de su concepción inmaculada, la nueva Eva, por la que recuperamos la vida que nos trae Jesucristo.
María está en el inicio y en el corazón del acontecimiento salvífico. Su "sí" a Dios pone en marcha la gran obra de la Redención operada por Cristo. Quien enfrente esta obediencia de María a los designios de Dios y que anuncia la aurora de una nueva era, con la desobediencia de Eva en el Edén, podrá advertir la diferencia que media entre la entrega fiel a los planes de Dios y el enfermizo deseo de "ir a la nuestra". María nos enseña que decir "sí" a Dios es alinearse con los grandes proyectos que Él tiene sobre la humanidad. "De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes" (Camino, 755)
María es la nueva Eva, recuerdo de lo que era la mujer "al principio" y promesa de lo que será: hija de la Resurrección. En María se ha realizado plenamente el proyecto de Dios sobre la humanidad. Ella fue concebida sin mancha para que Jesucristo tuviera una digna morada. ¡Purifiquémonos con una buena Confesión ahora que se acerca la Navidad¡ ¡Solicitemos su ayuda para cumplir el querer de Dios! ¡Ella puede hacer por nosotros más que nadie!

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Hacia la meseta tibetana…

Hace varios años leí por primera vez la hermosa carta que mi patrono, San Francisco Javier, nos legara para la posteridad y que la Iglesia lee cada año en su fiesta:

“En estos lugares, no son cristianos, simplemente porque no hay quien los haga tales. Muchas veces me vienen ganas de recorrer las universidades de Europa (…)  y de ponerme a gritar por doquiera, como quien ha perdido el juicio, para impulsar a los que poseen más ciencia que caridad, con estas palabras: «¡Ay, cuántas almas, por vuestra desidia, quedan excluidas del cielo y se precipitan en el infierno!». ¡Ojalá pusieran en este asunto el mismo interés que ponen en sus estudios! Con ello podrían dar cuenta a Dios de su ciencia y de los talentos que les han confiado. Muchos de ellos, movidos por estas consideraciones y por la meditación de las cosas divinas, se ejercitarían en escuchar la voz divina que habla en ellos y, dejando de lado sus ambiciones y negocios humanos, se dedicarían por entero a la voluntad y al arbitrio de Dios, diciendo de corazón: «Señor, aquí me tienes; ¿qué quieres que haga? Envíame donde tú quieras, aunque sea hasta la India»[1].

Confieso que más de una vez llegué a emocionarme y hasta me sentí “culpable” de mi vocación intelectual, de profesor, de predicador, etc… Pero en fin: cada alma tiene un “secreto” con el Señor, y como Dios no es comunista, a todos da dones e inclinaciones distintas.

Pues bien; desde hace un tiempo, uno de mis mejores amigos, el Padre Federico, un “loco lindo”, me viene insistiendo para que lo acompañe un tiempo en la misión que la Iglesia le ha encomendado en los remotos lugares de la meseta tibetana, en el norte de la India, junto a Nepal y a un par de horas del Himalaya y del Tíbet histórico. ¿Qué hace allí? Basta con ver su blog o descargar este powerpoint.

Aprovechando mis vacaciones estivales (en Sudamérica) y gracias a la gran generosidad de un donante, hacia allí he decidido dirigirme hace un par de días como si me encaminara a una aventura; no serán días de descanso (¿existen realmente para un sacerdote?) sino de intenso trabajo apostólico para ayudar durante al menos un mes a sembrar la semilla del Evangelio en estos pueblos paganos.

Chino no sé; nepalí tampoco, pero en inglés podré arreglármelas, si Dios quiere.

Ya estoy en viaje.

Si se dan las condiciones (son más que precarias), trataré de escribir alguna crónica.

Voy contento; contentísimo, recordando aquello que decía mi santo patrono: «Señor, aquí me tienes; ¿qué quieres que haga? Envíame donde tú quieras, aunque sea hasta la India».

Pido oraciones por esta aventura.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi



[1] De las cartas de san Francisco Javier, presbítero, a san Ignacio. (De la Vida de Francisco Javier, escrita por H. Tursellini, Roma 1956, libro 4, cartas 4 [1542] y 5 [1544])

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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Trabajando en mi novela sobre el Apocalipsis


Antes de ayer releí en diagonal mi Cyclus Apocalypticus, mi primera novela. Me reconcilié con ella. Ahora, mi Cyclus redivivo debe ser una obra a la altura del buen concepto que todo escritor se forja de sí mismo cuando pasa de los cuarenta (años). Claro que acercándose uno a los cincuenta, comienza a volverse descuidado. A los escritores nos sucede como a los criminales, la repetición de nuestros delitos nos va volviendo descuidados.

En estos días he leído, releído, estudiado y meditado el Apocalipsis. O mejor dicho, la gran confrontación entre los dos carneros, el de oriente y occidente. Qué curioso, cuando uno tiene menos de treinta años (como era mi caso), todo lo ve más claro. Ahora, un cuarto de siglo después, el texto me aparece con sus oscuridades más precisas, más delimitadas, más patentes. Y uno tiene más clara conciencia de las propias limitaciones.

Cuando es joven, no se da cuenta de las arenas movedizas. Uno corretea por ellas con más alegría, con más alegría y soberbia.

En fin, seguiré trabajando en esta novela. De momento, todavía sigo indagando en la estructura teológica.


El mayor problema al que me enfrento es que quiero que la novela se sitúe en los próximos veinte años y me parece demasiado poco tiempo para que todo lo que dice el Libro se pueda cumplir. Y, por otra parte, no hay un gran régimen unificado que pueda provocar una persecución universal. Bueno, vamos a ver, vamos a ver. Algo se me ocurrirá.

Es curioso, el personaje de Frank Underwood encarna mucho de mi Fromhein en mi Cyclus. Aunque el personaje de mi novela era más perverso, más encantador, más carismático y estaba en juego un imperio más grande, una Pax mucho más ambiciosa. 

¿Quién será el Anticristo en mi futuro libro? ¿Cómo será? En la escena política, no lo veo para nada. Nadie de los que conozco puede serlo.

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La liturgia diaria meditada - Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1,26-38) 08/12



Jueves 08 de Diciembre de 2016
La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María
(S). Blanco

El 8 de diciembre de 1854, el papa Pío IX proclamó la fiesta de la Inmaculada Concepción: “Declaramos que la doctrina que dice que María fue concebida sin pecado original, es doctrina revelada por Dios y que a todos obliga a creerla como dogma de fe”. Y así celebramos que Dios cuidó de la vida de María desde el comienzo al final, desde su concepción hasta la Asunción.

Antífona de entrada          cf. Is 61, 10
Desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como una esposa que se adorna con sus joyas.

Oración colecta     
Dios nuestro, por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preservada de todo pecado, preparaste a tu Hijo una digna morada en atención a los méritos de la muerte redentora de Cristo; concédenos, por su intercesión, que también nosotros lleguemos a ti purificados de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas        
Recibe, Señor, este sacrificio de salvación que te ofrecemos en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, y así como a ella tu gracia la preservó limpia de toda mancha, por su intercesión líbranos de todas las culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión       
Virgen María, de ti se han dicho maravillas, porque de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios.

Oración después de la comunión
Señor, Dios nuestro, que el sacramento recibido repare en nosotros las consecuencias de aquella culpa de la que preservaste a la Virgen María en su Concepción Inmaculada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

1ª Lectura    Gn 3, 9-15. 20
Lectura del libro del Génesis.
Después que el hombre y la mujer comieron del árbol que Dios les había prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás?”. “Oí tus pasos por el jardín”, respondió él, “y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí”. Él replicó: “¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?”. El hombre respondió: “La mujer que pusiste a mi lado, me dio el fruto y yo comí de él”. El Señor Dios dijo a la mujer: “¿Cómo hiciste semejante cosa?”. La mujer respondió: “La serpiente me sedujo y comí”. Y el Señor Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón”. El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.
Palabra de Dios.

Comentario
Ante el cruce de acusaciones y reclamos, Dios se comporta como un juez que dicta sentencia y no deja impune la transgresión. Las imágenes míticas del texto no deben ocultar el mensaje central: la debilidad humana se encuentra con la Palabra de Dios. Esta es firme y clara, pero no corta el diálogo, y siempre busca y espera que el hombre le responda.

Salmo 97, 1-4
R. Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas.

Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.

2ª Lectura    Ef 1, 3-6. 11-12
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido. En él, nosotros, los que hemos puesto nuestra esperanza en Él, hemos sido constituidos herederos y destinados de antemano, para alabanza de su gloria según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad.
Palabra de Dios.

Comentario
El himno que presenta hoy la liturgia, aunque parezca contradictorio, es una invitación al silencio y a la contemplación. El autor expresa su fe en ese canto, que retorna ahora a la comunidad para orar lo que su letra pregona.

Aleluya        cf. Lc 1, 28
Aleluya. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres. Aleluya.

Evangelio     Lc 1, 26-38
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?”. El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”. María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”. Y el Ángel se alejó.
Palabra del Señor.

Comentario
El diálogo se transforma en silencio ante la aceptación de María como Madre de Jesús. ¿Será un silencio de comprensión total de lo anunciado? ¿Será un silencio de oscuridad en la fe? ¿Será este silencio un camino hacia otras aceptaciones más de su vida? Oremos también nosotros sobre el silencio de esta mujer.

Oración introductoria
Ven, Espíritu Santo, ilumina y fortalece mi espíritu para que, como María, pueda disponer mi mente y mi corazón a escuchar y responder con generosidad a lo que hoy me quieres decir en esta meditación.

Petición
Ayúdame, Señor, a no abusar de mi libertad al someterme a la esclavitud de mis pasiones: orgullo, vanidad, sensualidad.

Meditación 

"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." (Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

1. Cuando pensamos en la Virgen Inmaculada casi siempre la concebimos en el cielo, coronada de estrellas y rodeada de ángeles. Así nos la pintaron muchos de nuestros grandes pintores. Pero la verdad es que esta fiesta hace referencia a la santidad de María aquí, en la tierra, desde el primer momento de su concepción. Los paisanos de María no la vieron, en su pueblo, rodeada de luces y vestidos celestiales. La vieron como lo que era: una mujer de pueblo, buena, generosa y pobre. Había en ella, ciertamente, algo especial, pero lo especial en ella era más interior que exterior. Trabajaba como las demás, hablaba como las demás, vestía como las demás; pero todo lo hacía con un semblante especial, con una atención especial y con un amor especial. La santidad de María no estaba tanto en lo que hacía, sino en el modo y actitud como lo hacía. En esta fiesta de la Inmaculada Concepción debemos mirar a María como modelo de santidad aquí en la tierra. Es verdad que ella tuvo el privilegio de su Concepción Inmaculada, pero su santidad también se debió a que ella, durante toda su vida, se esforzó en ser fiel a la vocación a la que el Señor la había llamado. La fidelidad de María al Dios que le había dado la vocación de ser la madre de su divino hijo es lo que la convierte en modelo humano que nosotros debemos imitar.

2. El Señor está contigo. Esta es la causa y la explicación de la santidad de María: el Señor estuvo siempre con ella. Dios es gracia, Dios es vida, Dios es amor, Dios es santidad. María tuvo a Dios siempre con ella y, por eso, tuvo siempre gracia divina, vida divina, amor divino, santidad divina dentro de ella. Tuvo todo esto ella al modo humano, porque ella fue una criatura humana. Si nosotros tenemos a Dios dentro de nosotros, si vivimos, nos movemos y existimos en él y por él, también seremos santos. Lo importante es vivir de tal manera que Dios no tenga que verse obligado a marcharse de nosotros, a abandonar nuestra casa interior. Lo importante es que Dios esté siempre con nosotros; mientras Dios esté dentro de nosotros, estará dentro de nosotros su gracia, su vida, su amor, su santidad.

3. Hágase en mí según tu palabra. Es fácil aceptar la voluntad de Dios cuando las cosas nos van bien, cuando parece que la voluntad de Dios coincide con la nuestra, pero cuando las cosas se tuercen y las cosas no ocurren como nosotros quisiéramos, fácilmente pretendemos cambiar la voluntad de Dios, en lugar de cambiar nuestra voluntad. El mérito de María está en su constante fidelidad, en su voluntad continuada de ser y vivir como esclava del Señor, aun en los momentos más difíciles de su vida, en la persecución, en la pasión y muerte de su hijo. Conformar nuestra voluntad con la voluntad de Dios es el secreto de la santidad y ahí es donde María se nos presenta hoy como madre y modelo.

4. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e inmaculados ante él por el amor. Sí, también nuestra vocación es la ser santos e inmaculados ante Dios, por el amor. Nuestra santidad siempre será inferior a la de María, porque nosotros no hemos tenido el privilegio de una concepción inmaculada, pero si, como María, sometemos, por amor, nuestra voluntad a la voluntad de Dios, también nosotros seremos santos e inmaculados ante Dios. En esta fiesta de la inmaculada concepción de la virgen María, nuestro propósito también debe ser éste: amar como amó María, para así poder ser también nosotros santos e inmaculados ante Dios, como ella fue. Así se lo pedimos hoy a la Virgen Inmaculada.

5.- La fiesta de la Inmaculada, al comienzo de este tiempo es un estímulo para nuestra "espera confiada". La Madre del salvador es también nuestra Madre porque su Hijo así lo quiso: "Ahí tienes a tu Madre". María no puede estar lejos de la mente y del corazón del cristiano, especialmente durante el tiempo de Adviento. ¿Quién mejor que ella, que lo llevó en su seno, pudo esperar su venida? Ella, la Madre concebida sin pecado, nos invita a arrepentirnos, a desechar el mal y a hacer el bien para preparar el camino al Emmanuel. María tiene una misión importante en la Iglesia porque es Madre y modelo de la Iglesia. Nuestra devoción a María debe llevarnos a su Hijo Jesucristo: "Haced lo que Él os diga". Todo lo que tiene, todo lo que es María le viene de Cristo. María es la primera cristiana, toda cristiana, hecha enteramente para Cristo. Por eso es la mujer del fututo, la humanidad del futuro, la nueva humanidad que siempre hemos soñado y que Dios mismo soñó. Pero esto sólo será posible si vivimos cerca de Dios, confiados y seducidos por su Amor, como María. Entonces reinará en todo el mundo otra vez la armonía y la paz.

Propósito
Rezar un rosario y pedir a María su intercesión para crecer en la fe.

Diálogo con Cristo
Jesús, ayúdame para que el sí amoroso e incondicional de María se grabe profundamente en mi corazón. Que su ejemplo de obediencia y generosidad sea el faro que guíe mi vida. Que sepa comprender y transmitir la alegría de tu encarnación. Éste es el compromiso del Adviento: llevar la alegría a los demás, porque la alegría es el verdadero regalo de la Navidad. Esa alegría la puedo comunicar de un modo sencillo: con una sonrisa, con un gesto bueno, con una pequeña ayuda, con un perdón.


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