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sábado, 3 de diciembre de 9707

El Evangelio del dia



lunes, 24 de septiembre de 2018

Los peores fantasmas resucitan, porque "muertos" estaban. O casi.

Me refiero a lo de China y el Vaticano. Da la impresión de que, o no hemos aprendido nada, o de que no se está de acuerdo con lo conseguido por san Juan Pablo II, y hemos vuelto a los peores “tics” del CV II y de la “real politik", con la consabida y ya rutinaria cesión ante el comunismo. ¿Progresando? ¡Regresando, que no es lo mismo! Y a lo peor de lo peor. Y de los peores modos.

Comunismo que, como se sabe pues es notorio, ha costado más de 110 millones de muertos -por  activa siempre: por pasiva, ni se sabe la cifra ni se sabrá-: vamos, que es una bendición para la humanidad; en especial la que está empeñada en demostrar que, en este mundo, quien sobra es la especia humana, aparte -se da por supuesto- la Iglesia Católica; y a eso siguen y están los de la progrez eclesial, con los colaboradores que hagan falta: por ejemplo, el comunismo. O la teología de la liberación, que también se las trae.

Pero, ¿se sabe…, o no se sabe? Debería saberse. O se ha olvidado. O da lo mismo: ¡la ideología por encima de todo! También en el Vaticano, a lo que se ve; porque ya hace unos pocos meses salió uno de allí diciendo que “el comunismo chino es la institución -o como lo dijese- que mejor cumple la doctrina social de la Iglesia". ¡Que hay que ser letrado y obispo como mínimo -mejor hubiese sido aún si fuese cardenal el que largó lo que largó- para lanzar semejante…! [aquí se puede poner lo que a cada uno le sople el espíritu: el que sea, que tampoco pienso señalar]

Y claro, con semejante análisis de premio nobel eclesial -si lo hubiese, que no lo hay; pero sí hay gente que larga como si lo hubiera y quisieran llevárselo-, no me extraña que, siendo una de las manos izquierdas de Francisco, éste le hiciese mucho caso. Y así, da la impre -según señalan los medios; que yo, ni he pisado China ni la piseré- de que se va a cerrar el trato. Ya.

Como ya he señalado en otras ocasiones, todos los intentos de los “progres” muñidores del CV II se están llevando a cabo. En este terreno, como en otros, en Roma y desde Roma no están haciendo las cosas por hacer, sino que las están haciendo concienzudamente.

¿Que alguna cosa de las que se postularon en el CV no se había puesto aún en marcha? ¡Póngase! ¿Que alguna otra ya está marcha, pero…? ¡Acelérese y mejórese! Pero…, ¡es que esto y esto no acaba de casar bien con la Doctrina y el Magisterio de siempre…! Pues, ¡va a casar y a ir a misa! Y no es cuestión de “gestitos” sino de palabras mayores.

Por ejemplo. En las afueras -en las “periferias"- del Concilio -en concreto, y si no me equivoco, en Metz- se firmó -con firma o sin firma, pero se firmó- que en el CV II no saldría ni una sola palabra no ya de condena al marxismo, sino ni una sola referencia.

Y así fue: ni una sola referencia, a pesar de que un buen montón de Obispos de todo el mundo -bien por el “sinodalismo moderno” y la “poesía eclesial": a ser posible la “vaticana"-, en especial los obispos mártires de la Europa del “telón de acero” -¡la mayoría de ellos impedidos hasta de asistir al mismo porque las autoridades “comunistas” les negaron los visados!-, y de otras partes del mundo, así lo habían expresado reiteradamente, dentro del Concilio y fuera.

¡Como si callaran! ¡Como si nadie hubiese abierto la boca en ese sentido! Y si la habían abierto, ¡cállense! ¿Y los que no habían podido venir “por impedimento legal” u “ocupacional e impositivo", lo que era evidente incluso para los reunidos en San Pedro? ¡Pues… como si no existieran, o como si no hubieran podido venir…, por tener gripe!

Las consecuencias fueron desastrosas para millones y millones de personas en todo el mundo; y lo siguen siendo ¿Cuáles fueron esas consecuencias? Por parte de la Iglesia, se entregó el mundo a la ideología marxista, sin la más mínima manifestación crítica -religiosa y/o doctrinal- pública y publicada y oficial por parte vaticana. ¡Mudos total! ¿El marxismo? ¿Qué marxismo? Y el marxismo se expandió. ¡Vaya si se expandió, con los millones de muertos a cuestas, claro!

Pero eso no fue todo: la intelectualidad europea, la que “hacía” o “cocía” la cultura del mundo mundial se quedó no solo con las manos libres para echarse en brazos del marxismo: como lo hizo, haciéndose de ese modo referente para el resto del mundo intelectual y cultural. Y así se infectaron las uiversidades, primero, y luego se fue bajando. Y la filosofía, y luego se fue bajando. Y el concepto de “pesona", que se abandonó: hoy estamos con la “ideología de género". Y se perdió el sentido de todas las construcciones humanas: del Derecho, de la Justicia, de la Libertad, de la Sexualidad, del Matrimonio, de los Hijos, de la Cultura, de la Verdad, del Bien Común en el quehacer político, etc., etc. 

Pero además, como había “peritos” -mas algún que otro Obispo- que comulgaban con esas tesis, la misma Iglesia se infectó de ideología marxista: la teología de la liberación, como he dicho antes, las “comunidades de base” -en especial en Brasil, donde han arrasado la Fe católica, pero también en otros países de hispanoamérica-, y el celam en Medellín, fueron sus buques insignia desde donde se montaron las “ofensivas": mortales para la misma Iglesia y sus hijos, como se puede contabilizar penosamente a dia de hoy.

Tuvo que venir san Juan Pablo II para remediar tamaño desaguisado y “tumbar el muro", el de Berlín; con la ayuda más que motivada del Presidente de EEUU (entonces Raegan) que, este sí, mostró las divisiones que no tenía Roma. Lo digo por la burla de un jefazo de Moscú que, años antes, había preguntado con recochineo: “¿Dónde están las divisiones de Vaticano?". Pues: “¡muros, abajo!". Con esa acción, Raegan vino a limpiar el fango que, sobre todo el mundo, echaron Roosvelt y el de Moscú, con algún figurante como el inglés y el francés: al asunto había que darle “internacionalidad” y que no pareciese un mano a mano.

Pero el lastre es muy grande. Y aquí estamos, dando alas otra vez a los “fantasmas” que estaban, al menos en parte, bien muertos. Es que la vida vaticana, sin cargarse cosas o sin montar “fiestecillas", debe ser muy aburrida. Si no, no se entiende nada.

Las fotos de estos mismos días donde se muestran los estragos de la ocupación marxista -para los judíos, primero, y para los mismos lituanos aunque no lo fuesen, despues- es como una burla macabra con lo firmado ya -o por ultimar- en China. 

¿Cómo es posible tamaña “bipolaridad"? ¡Rompe toda la lógica en cualquiera de sus estadios y de sus horizontes!

Parolin: “Por primera vez, hoy, todos los obispos de China están en comunión con el Papa". ???

Spadaro: “El acuerdo es un signo de esperanza y de paz". ???

Ayer mismo, en el gueto de Lituania: “No seamos sordos al grito de todos los que hoy siguen clamando al cielo". ???

Vidal, “veneno mortal". “Francisco derriba el muro de bambú". ¿Lo pillán? Mota, ni queriendo lo haría mejor que “el cicutas". ¡Y mira que con Mota me parto…!

Claro que siempre vendrá -antes o después siempre viene, porque siempre está, que para eso le pagan- el “portavoz” para desmentir -o mentir, o cortar por lo sano, o lo que hay que hacer- sobre cualquier cosa que se haya dicho o hecho. Y siempre sonriente, que es marca de la casa.

¡Cada vez se hace más grande y más noble la tarea hecha -a conciencia, por supuesto- de aquel otro portavoz de san Juan Pablo II de feliz memoria, y que ya estará en el cielo. ¡Fijo!

Pues eso: ¡a perder China para la Iglesia Católica y dársela a los marxistas de turno, famosos por su acendrado y manifiesto amor a la Iglesia Católica! Total…

Y ¡viva la pastoral y los demás objetivos! Como ha dicho Spadaro (perdón por dos citas seguidas de este sujeto): “No hay otros objetivos en este Acuerdo". O sea: ¡claro que los hay! ¡Muchos y gordos!

Amén.

Recen por mí.

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Utilidad de las Humanidades

El Papa confía a los católicos chinos el compromiso por la reconciliación

Un acuerdo de gran importancia, especialmente para la vida de la Iglesia Católica en China y para el diálogo entre la Santa Sede y las Autoridades civiles.


Es así como declara el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolín, en una declaración oficial después de la firma del acuerdo sobre el nombramiento de los Obispos. El purpurado confirma el largo camino de entendimiento subrayando "la consolidación de un horizonte internacional de paz"

"La firma de un Acuerdo Provisional entre la Santa Sede y la República Popular China sobre el nombramiento de Obispos es un acontecimiento de especial importancia para la vida de la Iglesia católica en China, para el diálogo entre la Santa Sede y las Autoridades civiles de aquel País, y también para la consolidación de la paz, del entendimiento entre los pueblos, en estos momentos de grandes, fuertes tensiones internacionales. Y el objetivo de la Santa Sede es un objetivo pastoral, es decir, es ayudar a las iglesias locales para que gocen de condiciones de mayor libertad, de mayor autonomía, de una posibilidad de una mejor organización, y así se dediquen al anuncio del Evangelio y a contribuir al desarrollo integral de la sociedad y de la persona.
Por primera vez, hoy, todos los Obispos en China están en comunión con el Santo Padre, con el Papa, con el Sucesor de Pedro. Y el Papa Francisco, como sus inmediatos Predecesores, mira con particular atención y con un especial cuidado al pueblo chino. Se necesita unidad, se necesita confianza, se necesita un nuevo empuje, como también se necesita tener buenos Obispos que sean reconocidos por el Papa, por el Sucesor de Pedro, y por las legítimas Autoridades civiles de su País. Y el Acuerdo se pone en esta línea: es un instrumento para que se pueda ayuda en eso, con la colaboración de todos.
Y a toda la comunidad católica en China el Santo Padre se dirige; se dirige a los Obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, los fieles, para que pongan gestos concretos de reconciliación entre hermanos, superando las incomprensiones del pasado y las tensiones, sobre todo las tensiones y las incomprensiones más recientes. De esta manera podrán anunciar y testimoniar el Evangelio, que es el papel, la tarea principal de la Iglesia, y al mismo tiempo contribuir a la construcción de una sociedad justa y armoniosa, manifestar el genuino amor a la patria y también ayudar para que se pueda construir un porvenir de paz y de concordia entre todos los pueblos".

Fuente: vaticannews.va. /almudi.org
Juan Ramón Domínguez Palacios 
http://lacrestadelaola2028.blogspot.com

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Eutanasia Cero


La cultura del relativismo imperante y del emotivismo actual ha tergiversado el valor de la comparación, animal vs. persona, hasta el punto de proponer eutanasia cero para animales y simultáneamente eutanasia libre para los humanos.
Me ha parecido muy original la noticia reciente que un Ayuntamiento de la provincia de Málaga, proponga “eutanasia cero para los animales”. Vaya por delante que respeto a los animales, pero creo que este es un programa sanitario excelente pero para las personas.

Decía el sabio Pascal que la diferencia entre el animal y las personas es “infinitamente infinita”. La razón de esta diferencia se fundamenta en que solo las personas tenemos “dignidad humana”. La dignidad de la persona radica en el acto de ser, no es algo adquirido ni cedido o concedido. 
No se es más o menos humano, más o menos digno, dependiendo de cumplir unos determinados parámetros cuantitativos. La persona, a diferencia de los animales, es única e irrepetible, no puede ser sustituida por nada ni por nadie, siempre es un fin en sí misma. Esta condición humana sólo puede ser correspondida con un respeto reverencial que en su máxima expresión se manifiesta en la capacidad de amar.
Como decía Antonio Machado, “solo el necio confunde valor y precio”. Los animales tienen un valor biológico, que es distinto de la dignidad. Como seres vivos merecen siempre un respeto, pero este es limitado y subrogado a las personas. Prueba de ello es que, sin ningún reproche ético, los “utilizamos” para nuestra conveniencia como medios para una finalidad humana (alimentarnos, divertirnos, hacernos compañía, investigar, etc.), siempre con un obligado cuidado, respeto y consideración. 
Pero determinadas circunstancias, enfermedades graves o contagiosas, abandono errante sin posibilidad de acogida, etc., se pueden/deben eutanasiar evitando su sufrimiento, con las debidas garantías de un profesional de la veterinaria.
La cultura del relativismo imperante y del emotivismo actual ha tergiversado el valor de la comparación, animal vs. persona, hasta el punto de proponer eutanasia cero para animales y simultáneamente eutanasia libre para los humanos.
Cualquier médico ante el dilema ético de la eutanasia tiene una respuesta aprendida en la Facultad de Medicina desde el primer año de sus estudios. El busto del viejo Hipócrates a la entrada de nuestro centro universitario recuerda el viejo precepto: “donde hay amor por el arte de la medicina hay también amor por el hombre”, con ello se rememora de forma permanente el primer principio de la ética médica “primun non nocere” (ante todo no hacer el mal). Con ello quiero resaltar que el núcleo fundamental de la formación académica del médico es aprender a curar cuando es posible y siempre a cuidar y acompañar al paciente.
Conozco experimentos en la Faculta de Ciencias, de la UMA, en los que a los peces, para poder sacarles sangre, se les pone anestesia para evitar que les duela. Defiendo a ultranza que los animales sean respetados, evitando su tortura y sufrimientos. ¡A este paso, los animales nos van a llevar ventaja con la implantación de los cuidados paliativos! 
Dice el Dr. Jacinto Batiz, experto en cuidados paliativos, que “un Gobierno que antes de desarrollar programas de cuidados paliativos acometa una legislación sobre la eutanasia comete una frivolidad y hasta una irresponsabilidad”. Estadísticas recientes nos presentan datos desoladores: 308.000 pacientes y sus familias necesitan atención paliativa cada año en España; se estima que de éstos, al menos 75.000 pacientes necesitan cuidados paliativos avanzados y no los reciben, muriendo por tanto con un sufrimiento intenso y totalmente evitable.
Sinceramente, no me gustaría darle la razón al sabio Ortega cuando escribía en los años cincuenta que "La colosal paradoja de estos decenios es que el gigantesco progreso de la cultura ha producido un tipo de hombre como el actual, indiscutiblemente más bárbaro que el de hace cien años".
Joaquín Fernández-Crehuet Navajas
Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública
Universidad de Málaga
Fuente: diocesismalaga.es. / almudi.org
Juan Ramón Domínguez Palacios
http://enlacumbre2028.blogspot.com.es

(513) Evangelización de América. 49, México. Jesuitas ensanchadores de México (III). Pimería

 

 Familia pima, Pimería, Sonora

–Seguro que a fines del siglo XVII, cuando fueron evangelizados, eran distintos.

–Sí, seguro: muy diferentes. El Evangelio y la civilización cristiana, es decir, Cristo, verifican, liberan, dignifican al ser humano, personas, familias  y pueblos.

5.–Misión de Pimería

Al noroeste de México, la Alta Pimería comprende el norte de Sonora y el Sur de Arizona, y es tierra fértil y clima templado. Todos los indios de esa región, pimas, sobaspapabotas y tepo­cas, a fines del XVII, vivían todavía comple­tamente al margen de México, la Nueva España.

 

–El padre Eusebio Kino (1645-1711)

El evangelizador primero y principal de la Pimería fue el padre Eusebio Kino, nacido en Segno de familia noble trentina, en el año 1645. Él mismo castellanizó, o pimerizó, su apellido familiar, Chini –que se pronuncia Quini–, dejándolo en Kino. Hemos conocido su vida por su escrito Favo­res celestiales (+Aventuras y desventuras del padre Kino en la Pime­ría), en el que narra su vida misionera, y por la obra de Alfonso Trueba, El padre Kino, misionero itinerante y ecuestre.

En 1665, a los 20 años, ingresó Kino en la Compañía de Jesús, estudió filosofía y teología en la universidad de Ingolstadt, y de tal modo sobresa­lió en la ciencia matemática que el Duque de Baviera le ofreció esta cáte­dra en la misma universidad.

Pero, como él mismo refiere, «siempre más me incliné y solicité con los superiores mayores en Roma el venir más bien a enseñar las doctrinas cristianas y verdades evangélicas de nuestra santa fe católica a estos pobres infieles tan necesitados para que con no­sotros se salven y nos ayuden a alabar a nuestro piadosísimo Dios por toda la eternidad» (Aventuras 79-80).

Así las cosas, en 1678 se unió en Génova a una expedición de 17 jesuitas destinados a la Nueva España (México), entre ellos los padres Neuman y Ratkay, que habían de ser famosos mi­sioneros en la Tarahumara. Hubo de permanecer en España dos años, que aprovechó para aprender el castellano, y allí conoció a la Duquesa de Aveiro, madrina de muchos misioneros.

Conviene señalar que para la evangelización de las Indias, y concreta­mente de la Nueva España, desde un comienzo llegaron con frecuencia hombres muy cultos, procedentes de las principales universidades de Eu­ropa, y no pocas veces de familias nobles. Y también es oportuno recordar que por entonces, todavía hacia el 1700, aquellos hombres eran, más que españoles o portugueses, alemanes o franceses, ciudadanos de la Cris­tiandad, pues sólo más tarde, con la secularización de las identidades na­cionales, se fueron creando Estados particulares, completamente cerrados en sí mismos.

 

Baja California

En 1679, la Corona española había ordenado que se poblara California, encomendando la evangelización de ésta a la Compañía de Jesús. A comienzos de 1681, con 36 años de edad, llegó el padre Kino a México. Nombrado cosmógrafo de la expedición conducida por el almirante Atondo, en 1683, embarcó el padre Kino en Sinaloa, con cien hombres más, y entre ellos los padres Juan Bautista Copart y Pedro Matías Goñi. Fondearon en La Paz, al sur de la península, y más tarde en otra ensenada que llamaron San Bruno.

En el año y medio que duraron allí, los padres aprendieron dos lenguas, y se dedicaron a enseñar la doctrina y las oraciones a los indios. Pero, contra la voluntad de los misioneros, se tomó la decisión de abandonar la península, pues ni conseguían allí modo de procurarse alimentos, ni había desde México una vía regular para ha­cerles llegar bastimentos.

 

–La misión de Nuestra Señora de los Dolores

Vuelto Kino a la capital, se propuso establecer misiones en Sonora, desde las cuales podría más tarde apoyar la conquista espiritual de la península de Califor­nia. Conseguidas las licencias, antes de partir, hizo gestiones a fines de 1686 para que durante 5 años los indios convertidos a la fe estuvieran exentos del trabajo en minas o haciendas de españoles. Ignoraba que las Leyes de Indias tenían concedida ya esta exención por 10 años, y que el rey Carlos II (1665-1700) acababa de prorrogarla por 20.

En 1687, con 43 años, el padre Kino partió a caballo desde Guadalajara, y en Oposura (hoy Moctezuma, Sonora) se reunió con dos ancianos jesuitas misione­ros, los padres Manuel González y Aguilar. Con ellos cabalgó para explo­rar al norte la zona todavía no evangelizada, y llegaron hasta Cucurpe, la última iglesita del mundo cristiano mexicano, donde vivía el padre Aguilar. Siguieron adelante hasta Cosari, lugar del cacique Coxi, ya en plena Pime­ría, y en aquel hermoso valle del río San Miguel estableció el padre Kino la misión de Nuestra Señora de los Dolores.

Poco después, con el padre Aguilar, plantó más al norte las misiones de San Ignacio, San José de Imu­ris y Remedios. Ya solo el padre Kino, desde la misión de Dolores, se aplicó a dar vida cristiana a aquellas poblaciones misionales nacientes. El cacique Coxi, que extendía su autoridad por toda la zona, «pima sagaz, maduro, sólidamente cristiano y deseosísimo del bien de su nación», apoyó siempre su acción misionera, que fue prosperando rápidamente, como el mismo padre Kino lo refiere:

La misión de Dolores «es un hormiguero donde con todo gusto y buena voluntad los naturales hacen adobes, puertas, ventanas… Las campanas que vinieron de México las colo­camos ahora en la capillita que hicimos al principio. Los naturales gustan mucho de oir sus to­ques, nunca oídos antes por estas tierras. Gústanles mucho también las pinturas y ornamentos sagrados». Lo primero de todo, en efecto, se construía siempre la iglesia, aunque fuera de modo muy rudimentario, y en cuanto era posible las campanas tañían desde su espadaña. Y el pueblo se iba formando en torno a la iglesia y la plaza. A los seis años de fundada la misión de Dolores escribía el P. Kino:

«La Misión tiene su iglesia bien provista de ornamentos, cálices, campanas, etc. También gran cantidad de ganado mayor y menor, bueyes de labranza, huerta con diferente clase de verdura, árboles frutales de Castilla, uvas, duraznos, membrillos, higos, granados, peras y albaricoques. Los herreros tienen sus fraguas, el carpintero su taller, los arrieros sus arreos, los cosecheros su molino de agua, varias clases de semilla, abundantes cosechas de trigo y maíz y otras muchas cosas, sin hablar de la cría de caballos y mulas, que no poco se necesitan para el uso de la Misión, las nuevas expediciones y conquistas y para comprar regalos con qué atraer, ayudando la gracia de Dios, a los naturales y ganar sus al­mas».

Imuris y Remedios fueron creciendo al mismo tiempo que Dolores. Y con la llegada de cuatro nuevos misioneros, los padres Sandoval, Castillejo, Pinelli y Arias, pudieron establecerse más poblados misionales, como Magdalena, Tubutama, Oquitoa y el Tupo.

 

Salvatierra y Kino

En 1690 llegó a Dolores el padre Juan María Salvatierra, visitador de estas misiones, el que había de conquistar California para la fe, y el padre Kino le llevó a conocer las misiones de Pimería, para que con sus propios ojos viera que eran indios de paz, y que la acusación frecuente entre los capitanes españoles de que los pimas habían levantado a janos y apa­ches era completamente falsa.

En este encuentro Kino le habló mucho al padre Salvatierra de California, le entregó un catecismo y un pequeño diccionario de la lengua indígena que compuso cuando allí estuvo, y le propuso que desde la fértil Pimería se asistieran las futuras misiones de la estéril California.

 

Nuevas misiones de la Pimería

A fines de 1692 sale el padre Kino de expedición acompañado de indios y cincuenta mulas de carga. Llegó al pueblo de Bac, y allí plantó la misión de San Javier. Él mismo cuenta cómo transcurrió este encuentro con los sobaipuris, y por este relato podemos imaginar cómo habrían sido más o menos sus otras fundaciones misionales:

Misión de Tubutama, Pimería, México (1691)«La entrada fue de más de 80 leguas de camino muy llano; encontré a los naturales muy afables y amigables, y en particular en la principal ranchería de San Javier del Bac, que tiene como 800 almas. Les hablé la palabra de Dios, y en el mapa mundi les enseñé las tierras y los ríos y los mares por donde los padres veníamos desde muy lejos a traerles la saludable ense­ñanza de nuestra santa fe, y les dije cómo también los españoles antiguamente no eran cris­tianos, y que vino Santiago a enseñarles la fe, que al principio, en catorce años, no pudo bau­tizar más que unos pocos, de lo cual el santo apóstol estaba desconsolado; pero que se le apareció la Virgen Santísima y le consoló diciéndole que aquellos pocos convertirían a los demás españoles, y los españoles convertirían las demás gentes en todo el mundo. Y les en­señé en el mapa mundi cómo los españoles y la fe habían venido por la mar a Veracruz y en­trado a la Puebla y México y a Guadalajara y a Sinaloa y a Sonora y ahora a sus tierras de los pimas, a Nuestra Señora de los Dolores del Cosari, adonde ya había muchos bautizados, casa e iglesia, campanas y santos, muchos bastimentos, trigo y maíz, muchos ganados y mucha caballada, que todo lo podían ir a ver y aun desde luego preguntar a sus parientes mis sirvien­tes que allí iban en mi compañía. Éstas y las demás pláticas de las cosas de Dios y del cielo y del infierno las oyeron con gusto, y me dijeron que querían ser cristianos, y me dieron unos párvulos a bautizar. Están estos sobaipuris en un grandioso valle del río de Santa María, al poniente» (Aventuras 11-12).

En 1693 se fue el padre Kino a los indios sobas, vecinos y enemigos mortales de los pimas. En el lugar principal de esta nación fundó la misión de Nuestra Señora de la Concepción de Caborca, y logró la reconciliación entre los indios sobas y los pimas. Más al norte, en 1694, fundó Encarna­ción y San Andrés.

 

Martirio del padre Saeta

En ese año de 1694 el padre Kino instaló en Caborca al jesuita siciliano Francisco Javier Saeta, que pronto se hizo querer por sus indios feligreses, a los que se dedicó por entero. Y al poco tiempo estalló en la misión de Tubutama una revuelta que iba a destruirla. El padre Daniel Janusque, mi­sionero de aquel pueblo, había traído para cuidar el ganado un indio ópata, que abusaba de su mando y maltrataba a los pimas. Estando un día ausente el padre misionero, el ópata, en un altercado con un pima, lo pateó con sus espuelas. Acudieron los pimas y le flecharon, mataron enseguida también a otros dos ópatas que venían de Caborca, y ya encendidos en la revuelta, dieron fuego a la iglesia.

Más tarde, se juntaron a los alzados de Tubutama otros indios descon­tentos de Oquitoa y Pitquín. Formaban una cuadrilla de unos 40, y entraron en Caborca el 2 de abril. «Dos cabecillas se llegaron al padre, que se ha­llaba en la iglesia y que los trató amablemente. Salió a despedirlos, y apenas fuera, los enemigos descubrieron sus arcos y le atravesaron de dos flechazos. Herido, entró en su aposento, se abrazó a un crucifijo que había traído de Europa, y debilitado por la hemorragia, sin socorro alguno, expiró» (Trueba, Kino39).

El padre Saeta había escrito el 10 de abril de 1695 una carta al padre Kino en la que, muy animoso, le contaba sus muchos trabajos. «En lo que toca –le decía– que nos veamos un día destos, vuestra reverencia podrá avisarme cuándo gusta, que, aunque yo hago aquí mu­chísima falta por lo mucho que estoy engolfado, sin embargo hurtaré ese rato, y como veloz saeta volaré a ponerme a los pies de vuestra reverencia y recibir sus mandatos y discurrir de medio mundo». Una vez cerrada la carta, en tono grave añadió en su exterior: «Se confirman las muertes de Martín y del muchacho». Eran sus arrieros ópatas. «Vuestra reverencia no me pierda de vista». Y añade el padre Kino en su crónica: esta carta «la recibo a las veintisiete horas de su santo martirio» (Aventuras 13-15).

 

Alzamiento y pacificación

La rebelión de los pimas de Tubutama se debió en parte a los malos tratos del capitán Antonio de Solís, que aplicaba duros castigos por leves penas e incluso había matado algún indio. Desgraciadamente, la autori­dad de Sonora le autorizó a él mismo para sofocar la incipiente rebelión, y este mal hombre, ofreciendo una falsa paz, hizo caer en una trampa a los pimas alzados, y mató a 48. Se alzaron entonces los pimas, y en Caborca, San Ignacio, San José, Magdalena, Tubutama y Oquitoa, quemaron las iglesias, ahuyentaron los ganados y destrozaron casas y sembrados…

De los fuertes de Nueva Vizcaya se juntó una tropa de 400 hombres, que a fines de 1695 acudieron a sofocar la rebelión. Bien conducidos por don Juan Fernández de la Fuente, y con la mediación pacificadora del padre Kino, pudo apagarse el incendio. Los pimas entregaron a las autoridades los homicidas del padre Saeta y los principales delincuentes, «que quedaron catequizados y bautizados y prevenidos para la muerte, aunque viéndolos tan humildes y tan arrepentidos, la paternal muy grande caridad del padre visitador Horacio Polici les alcanzó el perdón» (Aventuras 23,26). Cesaron las hostilidades, y se repoblaron las misiones.

«El capitán Solís, culpable de los trastornos, tuvo triste fin. Después de matar a su mujer, hallándose pobre y desvalido en México, fue muerto de un trabucazo» (Trueba, Kino 43).

 

Viaje a México

A fines de 1695, estando ya en paz la Pimería, se fue el padre Kino a México capital. «En siete semanas, cuenta él mismo, camino de 500 leguas, llegué a México el 8 de enero de 1696. Fue Dios servido que yo pudiese decir misa todos los días deste viaje» (Aventuras 26). Fue un viaje de unos 2.800 kilómetros. Allí defendió la causa de los pimas, mal conocidos y muy calumniados, y logró del superior jesuita y del Virrey que se dispusiera el envío de cinco nuevos misioneros. Y cuando el padre Kino, tras un mes en México, regresó a la Pimería, los indios acudían, a veces de hasta 100 le­guas, para darle la bienvenida, y pedirle misioneros.

Pero, finalmente, los misioneros concedidos no fueron enviados, al llegar más informes falsos sobre la región. Esta fue siempre la cruz principal del padre Kino en su vida misionera: no conseguir para la Pimería tantos misioneros como eran pre­cisos, existiendo la posibilidad de que acudieran.

 

Prosperidad de las misiones

Al padre Kino y a sus hermanos misioneros se debe en su mayor parte no sólo la exploración, pacificación y evangelización del noroeste de México, sino también la gran riqueza agrícola y ganadera que allí se fue desarrollando. En efecto, a él «se debió que el ganado se propagara en las secas llanuras del Noroeste; que el trigo germinara en las fértiles orillas del río Colorado; que la uva, el membrillo, el durazno o el granado fructifi­cara en Sonora y Baja California. Pero toda esta riqueza era un subpro­ducto, derivado de la propagación del Evangelio» (Trueba, Kino 47).

«Para el bien común de sus misiones tenía prósperos ranchos de ganado, a cargo de sus indios, en Dolores, Caborca, Tubutama, San Ignacio, Imuris, Magadalena, Quiburi, Tumacá­cori, Cocóspora, San Javier del Bac, Busánic, Sonoita, San Lázaro, Sáric, Santa Bárbara, etc. Levantaba en los principales puestos buenas cosechas de trigo y maíz. Sus huertas produ­cían todas las frutas de Castilla. Sus recuas iban por los presidios y los reales de minas con carne seca, sebo, harina, maíz, animales, que cedían a cambio de ropa o instrumentos me­cánicos. Para la erección de sus iglesias –algunas espléndidas– formó un equipo de excelen­tes oficiales, carpinteros, albañiles, herreros, pintores. Otros oficios aprendieron los indios, como vaqueros, carreros, maestros de escuela, alcaldes, alguciles, mayordomos» (68-69).

 

Un misionero a caballo

Como hemos dicho, todavía en 1700 el noroeste de México era prácti­camente desconocido. Por eso fue necesario que el padre Kino, a los via­jes para fundar y para visitar las misiones fundadas, añadiera numerosas entradas de exploración, sobre todo entre los años 1695 y 1706.

«Desde este primer pueblo de Dolores, cuenta él mismo, en estos veintiún años hasta acá, he hecho más de 40 entradas al norte, al poniente, al noroeste, al nordeste y al sudoeste de a 50, de a 80, de a 100, de a 150, de a 200 y más leguas de camino, algunas veces acompañado de otros padres y las más veces con solos mis sirvientes y con los gobernadores y capitanes y caciques» (Aventuras 121-122). Recordemos que una legua equivale a 5.573 metros…

Estando de camino, comía sólo maíz cocido o tostado, dormía sobre los avíos de su caballería, y no omitía la misa ni en sus viajes más penosos. Se le veía cabalgar recogido y en oración, o cantando salmos y alaban­zas. Andaba siempre a la búsqueda de los lugares más oportunos para instalar nuevos centros misionales, y explorando las posibilidades de co­nectar por mar y quizá por tierra las ricas misiones de Pimería y las pobres de California.

 

California es península

En uno de sus numerosos viajes el padre Kino divisó desde lo alto de un monte la desembocadura del Colorado, y pudo adivinar que California era península, contra el convencimiento generalizado de que era una isla.

En la cuarta expedición marina organizada por Cortés, en 1539, Francisco de Ulloa navegó hasta el fondo del mar de California, y conoció su condición peninsular, trayendo un mapa exacto, que, por lo demás, sólo en 1770 fue publicado. Más tarde predominó en América y en Europa la idea de que California era una isla. El mismo padre Kino, en efecto, dice: «en la cre­encia que la California era península y no isla, vine a estas Indias Occidentales». Y añade: es cierto que «algunos de los cosmógrafos antiguos pintaban la California hecha península o istmo… Pero desde que el pirata inglés Francisco Drake navegó por estos mares, divulgó por cosa cierta que este seno y mar califórnico tenía comunicación con el mar del norte, y de vuelta a sus tierras, engañó a toda la Europa, y casi todos los geógrafos de Italia, Alemania y Francia pintaron la California isla» (78-80).

Avisado de la feliz noticia, que abría gran­des esperanzas para la asistencia de sus misiones californianas, en 1701 el padre Salvatierra con el padre Kino viajaron juntos para comprobar la posible conexión por tierra entre Sonora y California. Los dos grandes misioneros hicieron hacia el noroeste una cabalgada histórica, que el mismo Kino refiere:

«Llevó su reverencia [el padre Salvatierra] para la entrada el cuadro de Nuestra Señora de Loreto [patrona de las misiones de California], que nos fue de gran consuelo en todo el ca­mino». Eran días primaverales, y «grandes trechos del camino se hallaban alfombrados con rosas y variadas flores, como si la naturaleza convidara a festejar la Virgen de Loreto, que yo llevaba por las mañanas y el P. Salvatierra por las tardes. Casi todo el día se nos iba en rezar salmos y cantar alabados en español, italiano, pima, latín y aun californio con los seis indios que venían con el Padre». Llegaron en su camino a la misión de Sonoita, en la frontera actual con los Estados Unidos. Finalmente, tras muchos días de viaje, desde lo alto de un monte, «al cual subimos cargando con nosotros el cuadro de Nuestra Señora de Loreto, divisamos paten­temente la California» (Aventuras 71-74).

 Excursión escolares por lugares del P. Kino

Padre Kino, gran misionero

El padre Eusebio Kino, fuerte y delgado, según el padre Velarde que le trató, fue un religioso tan piadoso como pobre y austero:

«No usaba vino más que para decir misa. Añade que no tenía sino dos camisas de tela corriente y que todo lo daba de limosna a sus indios. Siempre tomó sus alimentos sin sal y mez­clados con yerbajos para hacerlos desagradables al paladar. Dormía cuatro o cinco horas, leía por costumbre vidas de santos. Amaba mucho a los niños, sobre todo a sus indiecitos, que lo llegaban a querer tanto como a sus padres naturales» (Trueba, Kino 77).

Su ascendiente era tal entre los indios, que en 24 años de continuos viajes, nunca se atentó contra su vida. Fue muy amable y paciente con los indios, y también tuvo mucha pacien­cia para sobrellevar las muchas resistencias que halló en la misma Com­pañía.

«Se calcula que en 24 años de misiones caminó más de 7.000 leguas, o sea unos 30.000 kilómetros, con el principal fin de extender el imperio de la fe. Predicó el Evangelio este padre apostólico, itinerante y ecuestre a tri­bus tan varias y remotas como pimas, sobas, sobaipuras, seris, tipocas, yumas, quiquimas, opas, hoabonomas, himuras, cocomaricopas, califor­nios, etc.; fundó 30 pueblos, aprendió diversos idiomas, formó diccionarios, compuso catecismos; no sólo instruyó a los indios en las obligaciones de cristianos y de vasallos fieles, sino que trabajando con ellos personal­mente, los enseñó a fabricar casas, construir iglesias, cultivar la tierra y criar ganado» (12).

Por lo demás, al escribir su vida misionera en 1708, el padre Kino eligió un título bien hu­milde y verdadero, Favores celestiales. Efectivamente, es éste un término que aparece en el texto con frecuencia: «De los favores que Nuestro Señor nos ha hecho en las dichas en­tradas o misiones, conversiones, descubrimientos, reducciones, conquistas espirituales y tem­porales…»; los «favores celestiales que, aunque indignamente, estoy escribiendo»…; «las muy muchas almas que los celestiales favores de Nuestro Señor, a manos llenas, continua­mente nos va dando»… (Aventuras 40,92,105).

A manos llenas, realmente, favoreció el Se­ñor los trabajos misioneros en la Pimería: «Con todas estas entradas o misiones que se han hecho a estas nuevas gentilidades de 200 leguas en estos veintiún años quedan reducidas a nuestra amistad y al deseo de recibir nuestra santa fe católica entre pimas y cocomaricopas, y yumas, quiquimas, etc., más de 30.000 almas, las 16.000 de solos pimas y he hecho más de 4.000 bautismos y pudiera haber bautizado otros 10 o 12.000 indios si la falta de padres ope­rarios no nos hubiera imposibilitado el catequizarlos e instruirlos por delante» (129-130).

A los 66 años, habiendo acudido a la misión de Magdalena para dedicar a San Francisco Javier una hermosa capilla que él mismo había ayudado a edificar, mientras celebraba la misa de dedicación, se sintió enfermo, y poco después murió como tantas veces había dormido: vestido, echado sobre una piel de carnero, con el aparejo de la caballería por cabecera, y cubierto con dos mantas de indios. Era el 15 de marzo de 1711.

José María Iraburu, sacerdote

 

Índice de Reforma o apostasía

Bibliografía de la serie Evangelización de América

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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