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sábado, 23 de junio de 2018

24 de junio.

Lecturas de la Natividad de san Juan Bautista

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Palabra de Dios
Salmo
Sal 138,1-3.13-14.15

R/. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R/.

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.

Segunda lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,22-26):

En aquellos días, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.” Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»

Palabra de Dios

Nacimiento de San Juan Bautista, de Murillo. Norton Simon Museum

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66.80):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre.
La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra del Señor

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Homilía para la Solemnidad de san Juan Bautista

La tabla de precedencia de los días litúrgicos en el número 3 Señala las Solemnidades del Señor, de la Santísima Virgen María y de los santos inscritas en el Calendario General (es decir para todo el mundo), y los domingos durante el año están en el lugar 6º de la tabla, por eso cuando hay una solemnidad de la Virgen o de un santo como este fin de semana la misa de la Virgen o del Santo priman sobre el domingo.
Seis meses antes de la Natividad de Jesús celebramos el Nacimiento de Juan. La Iglesia antigua colocó la celebración del nacimiento de Jesús en el solsticio de invierno (en el hemisferio norte, aquí en argentina en el de verano) y la del nacimiento de Juan en el solsticio de verano (para nosotros el de invierno, que fue el pasado 21 de junio a las 07:07hs. Y como entonces ya había fiestas populares -con un contenido de fiesta humana y también religiosa natural, vinculadas a los ritmos de la naturaleza- estas fiestas populares fueron asumidas y de algún modo incorporadas a la fiesta cristiana.
Por eso, para nosotros, cristianos de este siglo XXI, todo ello va unido: el recuerdo y la celebración de san Juan Bautista, la fiesta popular del inicio del verano, en Europa, y aquí invierno, las verbenas y las hogueras, la felicitación para todos aquellos que celebran su santo… Como decían nuestros antepasados: “Todo es bueno para el que está en gracia de Dios”. Que es como decir: todo es bueno para quien lo vive como don del Dios que creó el mundo y su belleza y esplendor, del Dios que se nos reveló personalmente en su Hijo Jesús de quien fue anuncio y preparación aquel judío a quien sus padres quisieron llamar Juan.
Pero fijemos nuestra atención en este hombre, en Juan, en este santo que jugó un papel tan importante en la vida de Jesús y que ha sido tan popular entre el pueblo cristiano a través de estos veintiún siglos y de un modo especial en nuestro país. Durante el tiempo de Adviento, antes de la Navidad de Jesús, nos fijamos especialmente en san Juan como precursor de Jesús, como preparador de su camino. Durante el Adviento vemos como Juan, desde la exigencia de su vida personal y de su predicación al pueblo, es el signo y la voz que clama para que Aquel que está por llegar, Aquel que es mayor que él, sea acogido con un corazón abierto, con el deseo de cambiar de vida, con la exigencia de conversión personal y de todo el pueblo.
Con todo, antes de hablarnos de su vida y de su predicación, el evangelista Lucas nos habla de su nacimiento, que es lo que hoy celebramos. (La Iglesia sólo celebra tres nacimientos: el de Jesús, el de María y el de Juan). Podríamos decir que Lucas es el evangelista especialista en nacimientos: es el que más nos habla del nacimiento de Jesús y el único que nos habla del nacimiento de Juan. Y, en uno y otro caso, su propósito no es tanto hacernos una crónica de lo que sucedió como expresar quiénes eran Jesús y Juan, qué misión quería Dios para ellos.
Por ejemplo, en el caso de Juan, vemos como el evangelio de san Lucas insiste repetidamente en su nombre: Juan. En la Biblia, con frecuencia, el nombre de una persona adquiere especial valor porque expresa su vocación, su misión. Juan significa -en hebreo- “Dios concede su favor”; es decir, Dios muestra y comunica su amor. Su favor, su amor, para con aquellos padres -Isabel y Zacarías- que querían tener un hijo y no venía (entonces los hijos se tenían muy jóvenes y al llegar a una edad adulta parecía que ya no se podía tenerlos). Su favor, su amor para con su pueblo, ya que aquel niño será el anunciador, el preparador de la gran revelación del amor de Dios que se realizará en Jesús, en el Hijo de Dios hecho hombre.
Por eso, en las lecturas y en las oraciones de la misa de hoy, repetidamente se nos habla de “alegría”. Si siempre el nacimiento de un niño es causa de alegría, lo es especialmente en este niño porque con él se prepara y de algún modo se inicia la gran revelación y comunicación del amor de Dios que será Jesucristo.
De ahí que, como decíamos, hoy sea también para nosotros una fiesta de alegría: el recuerdo y la celebración del nacimiento de Juan es para nosotros ocasión de recordar y celebrar que “Dios concede su favor”, que Dios muestra y comunica su amor hacia nosotros. El Dios creador, el Dios salvador, es siempre el Dios que comunica vida y amor.
La tradición cristiana ha añadido al nombre de Juan el calificativo “Bautista”, quizá para distinguirlo del otro Juan, el apóstol de Jesús (y, según la tradición, también su evangelista). Y es que el bautismo que confería Juan resume y simboliza su predicación de la necesidad de conversión para prepararse a la venida del Señor. Una necesidad de conversión que sigue siendo vigente para nosotros: siempre tenemos necesidad de convertirnos, de abrirnos más de verdad a la venida a nosotros de Jesucristo.
Es lo que podríamos pedir hoy, en este día de fiesta: que siempre queramos abrir más nuestro corazón -toda nuestra vida- al favor de Dios, al amor de Dios, que se manifiesta en tantas cosas -por ejemplo, en la belleza del mundo que El creó-, pero sobre todo se manifestó en Jesús. En Jesús, el Señor resucitado, que está y estará presente, actuante, vivo, en esta Eucaristía para que nosotros hagamos un paso más en nuestro vivir en comunión con El. Qué María también interceda en este sentido.

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